martes, 28 de enero de 2014

Potongo

Durante todo el siglo pasado el crecimiento urbanístico fue poblando las laderas de Artxanda de viviendas, carreteras e instalaciones de diversa índole. De esta forma, una buena parte de su superficie se ha visto colonizada e incorporada al casco urbano, perdiendo casi todo su carácter de espacio natural.

Aun así, y aunque sea en muy pequeñas dosis, es posible encontrar rincones que todavía resisten al empuje de la humanización, conservando el encanto de lo casi virgen a sólo unos pasos de la ciudad y de las zonas más transitadas. En el siguiente recorrido vamos a explorar un par de lugares que quizá nos van a sorprender.

                DISTANCIA: 4,4 km.
            DESNIVEL: 210 m. (30-240) 
DIFICULTAD: Muy Baja 3 (2-1-0)
ITINERARIO: lineal  
ACCESOS: Ida: Puente de La Salve  
                             Vuelta: Plaza Pío X (Deusto)
            VIAS: Bidegorri, senderos de tierra, carretera
ENLACES CON Artxanda por Vía Vieja de Lezama  (Variante)
TRACK:
Más información:
Sobre el circuito DH (fotos): 
           http://dangerandtxemikaze.blogspot.com.es/2011/12/dh-potongo-2007.html
Guía cartográfica de Bizkaia mapa 24




            Todos los barrios al norte de Bilbao, desde Deusto hasta Otxarkoaga, tienen acceso directo a la entrañable colina de Artxanda o sus estribaciones, de forma que podríamos contar unos cuantos caminos posibles. Pero para no liarnos solemos iniciar casi siempre estos recorridos desde el Puente de La Salve.

Ahí precisamente arrancamos en esta ocasión, siguiendo los pasos de la entrada Artxanda por La Pesetita. Cruzamos el puente de La Salve por la acera izquierda, junto al Guggenheim, y, ya en la orilla contraria, tomamos el bidegorri que, sin dejar de ascender, describe una curva sobre el acceso a los túneles. Las vistas son soberbias sobre la ciudad, que contemplamos arropada por los montes que se extienden por el sur.

Empezamos a subir
Llegamos a un cruce señalizado donde, para no perder las buenas costumbres, tomamos el camino que sube, es decir, hacia la izquierda. Con suave pendiente, trazamos una curva y accedemos a un promontorio bajo una gran torre eléctrica, al lado de otro cruce. Giramos a la izquierda para ganar unos metros más y, junto a un panel informativo (hace poco derribado, seguramente por algún descerebrado) tomamos un sendero herboso y llano que sale por la izquierda (DESVIO-1), con el Colegio Jesús y María de frente, en el alto.

Aquí, aunque estamos a dos pasos del área recreativa que se extiende por la derecha, ladera arriba, se siente uno en otro lugar. Avanzamos por camino generalmente solitario, con la urbe desaparecida tras el arbolado, disfrutando de una tranquilidad que no se espera, a sólo un puñado de metros del tráfico y el ruido. Hasta alguna ardilla hemos podido ver encaramandose a los árboles.

Desvío junto a la caseta
Vamos bordeando una vaguada por donde cae un pequeño regato sin nombre, y atravesamos un puente de madera. Enseguida accedemos a un camino, que tomamos hacia la izquierda, abandonando aquí el itinerario que antes citábamos. Casi de inmediato nos encontramos con un senderito que remonta por la izquierda hacia una casa de piedra, una caseta y una especie de rampa herbosa de frente, bajo unos cables eléctricos; pero dejaremos todo esto de lado para tirar por la derecha (DESVIO-2), sin camino, subiendo con fuerza por la hierba hasta acceder a la parte superior de la zona de bancos denominada Pikotamendi.

Aquí encontramos además una fuente y una nueva ración de panorámicas bilbaínas, por si no habíamos tenido bastante. Por cierto, aprovechamos para hacer una recomendación: las vistas sobre Bilbao resultan ya casi tópicas, pero si queremos ver algo notable de verdad, merece la pena venirse hasta alguna de estas laderas por la tarde en un día despejado para contemplar cómo el sol ilumina mágicamente la silueta del macizo de Legarmendi y el Gorbea hacia el sudeste, una pasada.

Sendero hacia Pikotamendi

Por nuestra izquierda según hemos llegado tenemos a la vista otro panel con un mapa y junto a él arranca un senderito, que debemos tomar. Este agradable camino, recientemente marcado con la pintura rojiblanca del GR, nos aleja de nuevo de las zonas más concurridas trepando por el verde entre arbolillos jóvenes. Se ve que la senda tiene éxito, porque desde que la descubrimos hace unos años ha pasado de ser apenas una traza semioculta a todo un sendero perfectamente marcado y reconocible. Y además en su parte final presenta una buena pendiente, a veces por encima del 20%, para que no olvidemos que estamos en el monte… aunque sea el pobre Artxanda.

Bancos en la cima
Salimos en unos minutos a una pista junto a un portón, y giramos a la derecha. Tras una curva y otro pequeño tramo recto, descubrimos por la izquierda otro estrecho sendero que remonta por la hierba, y por él seguimos hasta la redondeada cima de PIKOTAMENDI, también con fuente, algunos bancos y nuevas vistas, lógicamente más amplias que antes.

Cruzamos la campa hacia la vertiente contraria, atravesamos la carreterilla que la bordea y accedemos a la carretera general que discurre por el cordal, lo que podemos hacer mediante un atajillo que surge cerca de un pequeño transformador.

VARIANTE: Una vez en la carretera, podemos lógicamente alargar la excursión dirigiendonos por la derecha a las zonas más concurridas y conocidas de este monte, el parque, campo de fútbol, San Roque, etc., para lo que nos remitimos a la entrada Artxanda por Vía Vieja de Lezama

Lo de tener que acceder a la carretera no tiene realmente ninguna gracia, y nos chafa un poquito nuestro plan digamos de caminos alternativos. Pero la realidad es que –salvo que alguien nos saque del error, y ojalá sea así-  si queremos movernos hacia el oeste, no queda otro remedio que chupar asfalto. Es algo que llama la atención, porque da la sensación de que no sería difícil abrir un camino por la ladera sur desde Pikotamendi hasta el punto que indicamos luego, por la trasera de un par de fincas. Podrían ser como mucho unos 500 metros y no hay desniveles fuertes que salvar; pero algún problema habrá, quizá legal, porque ni siquiera para habilitar el GR bilbaino han conseguido abrir este camino. En fin.

Hacia el norte: valle del Txorierri, Serantes y el mar

De manera que intentamos ignorar los coches y disfrutar de las cosas que vamos teniendo a la vista: el valle del Txorierri, con el Abra al fondo (en días claros vemos hasta el Cerredo y la Virgen de las Nieves en Cantabria), el viejo molino que comparte espacio con maquinaria de construcción (¡), y poquito más. En una curva, el GR nos abandona por la izquierda (nuevo panel informativo), junto a un muro y una cosa extraña de hormigón que incorporaremos al catálogo de misterios que inauguramos el otro día. Hasta aquí podría llegar el hipotético camino que decíamos antes.

Escuela de Hostelería e inicio del sendero
Un tramo recto más, y ya tenemos al frente el monte Banderas (izquierda, con sus antenas) y San Bernabé por la derecha. Por la izquierda, aparece además el edificio de la Escuela de Hostelería, hacia donde nos dirigimos. Justo antes de llegar a él, sale en bajada un camino asfaltado que no nos interesa, y en este mismo punto (DESVIO-3) arranca un senderito de tierra, que en principio lleva casi la dirección contraria a la que traíamos. Este es el nuestro. Por él accedemos a la zona de Potongo, por donde bajaremos para volver al casco urbano.

Hay que advertir que la zona que vamos a recorrer se utiliza como circuito de DH, que es un tipo de descenso extremo en bici, o sea, una cosa un poco bestia, como podremos comprobar. El trazado es bastante conocido y apreciado por los aficionados a estas cosas, por lo que no es imposible encontrarnos con alguno haciendo el cabra; habrá que andar un poquillo atentos porque, como se puede comprender, las leyes de la física tampoco deben poner fácil frenar a quien baja desatado por estas pendientes.

El camino es en principio bastante ancho y se va estrechando después, para sumergirse entre el arbolado. Contra lo que pudiera suponerse, el lugar es en apariencia casi virgen, y nos parecerá mentira que estemos en el torturado Artxanda. Y, por lo que respecta a las bicis, hay que decir que, salvo el muy currado trazado del sendero, el resto del paraje se encuentra impoluto, y es raro encontrar objetos o desperdicios en los alrededores.

La trocha serpentea entre árboles, a veces con buenos desniveles y taludes, y pronto encontramos los primeros cajones y rampas de madera con los que estos chiflados hacen sus drops –o sea, unos saltos que quitan el sentío. Aunque hay sucesivas bifurcaciones, no hay problema porque todas van en la misma dirección, y de hecho vuelven a reunirse más abajo. La bajada tiene algunos tramos tan verticales que no resulta fácil, sobre todo si no llevamos bastón, y no digamos si ha llovido. Y uno se pregunta cómo se puede bajar por aquí con la burra, si ya andando se hace complicado. 

Dirá alguno que tampoco es para tanto. Vale, pues vean uds. las fotos del link que ponemos arriba, o este video:


El único punto que quizá puede suscitar dudas es un cruce en un claro, junto a otra de las rampas. Un camino algo más ancho cruza de izquierda a derecha (procede de la subida a Ugasko y enlaza con el GR), y nosotros seguimos de frente, tomando el sendero más estrecho y que baja más o menos de frente. Tras otro tramo parecido al anterior, el camino se hace cada vez más angosto, ladeando ya entre la hierba y por entorno más abierto. Hay sitio justo para el paso de una bici, y queda claro que a pie se necesita un pelín más de espacio para transitar.

Parte final de la bajada
Sigue otro trecho más sinuoso, muy bonito y en fuerte bajada, y vamos llegando al final. Y para mantener el interés, deberemos salvar un pequeño talud como de un par de metros para desembocar en una carretera. Por aquí descendemos junto a unas pistas deportivas, pasamos bajo el puente del tren, al lado del Colegio Mayor Deusto, y salimos finalmente a la plaza Pío X de Deusto, donde damos por terminada la excursión.

Y con todo esto, hemos descubierto algunos lugares poco conocidos que aún conserva nuestro pequeño monte para disfrute de la gente a la que le gusta el monte... que asfalto y edificios ya tenemos bastante.

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