(Algo misterioso sigue pasando con los perfiles. Nos andaremos con cuidado, no sea que haya algún espía por ahí)
Quizá a alguien le pareció que, llegados a León, casi todo estaba hecho.
Pero ¡oh espanto! si las cuentas no
me fallan, hemos recorrido 313 kms. (bien, quizá los más ingratos), y aún nos quedan 282 hasta posar la mano sobre la efigie del maestro Mateo. Dicho de otro modo, que acabamos de pasar justito la mitad del camino, como indicamos el otro día.

me fallan, hemos recorrido 313 kms. (bien, quizá los más ingratos), y aún nos quedan 282 hasta posar la mano sobre la efigie del maestro Mateo. Dicho de otro modo, que acabamos de pasar justito la mitad del camino, como indicamos el otro día.
Sólo la mitad.
La merecida jornada de descanso debió servir para reponer fuerzas, además
de certificar que la civilización aún seguía existiendo, aprovisionarse de
cosillas que faltasen o ayudar a recuperar a los que viniesen más tullidos. Hecho lo cual, y aún con el olorcito de las sardinas en las camisetas,
toca ponerse de nuevo a la tarea, que en esta alternancia de etapas brutales y
otras más llevaderas, nos toca una bien provista, con más de 30 kms. por delante.
Si uno se fija en el mapa, el Camino describe un buen rodeo para pasar
por León; es comprensible por la importancia de la ciudad, pero añade unos 10 kms. a lo que sería
una ruta en línea recta desde Mansilla hasta nuestro próximo objetivo, que no
es otro que Hospital de Órbigo.
Lo cual aprovechamos para comentar cómo el Camino tiene a veces
trayectorias que parecen caprichosas, desviaciones y cambios de dirección que
incrementan la distancia. Aparte de las remotas conexiones con las vías romanas
a que aludíamos hace unas jornadas, hay que tener en cuenta que a lo largo de los siglos los peregrinos
buscaban la comodidad, sí, pero sobre todo caminos
seguros donde no se viesen perturbados por bandidos y cosas así. Y como además
la ruta tenía (o tiene, según) un claro carácter religioso, lo normal era ir visitando los
principales lugares de culto donde, de paso, a lo mejor era más fácil encontrar
cobijo. Y bueno, incluso en 1.987 encontramos, como hemos visto, cierta
vinculación entre el elemento religioso y el acogimiento de los caminantes.
Santuario de la Virgen del Camino |
El caso es que, saliendo de León, el trayecto vuelve a girar al sureste, marchando ahora en paralelo a
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Valverde de la Virgen |
10 kms. más nos sitúan en VILLADANGOS (km. 332), localidad de
la
cual se destaca la iglesia de Santiago. Los kilómetros van cayendo, sobre
terreno algo más ondulado y por tanto menos monótono que en las etapas castellanas, pero con el sello del duro páramo leonés. Hay que
suponer que, tras iniciar la etapa con fuerzas y ánimos recobrados, no pasarían
muchos kilómetros antes de volver a sentir toda la crudeza del interminable
camino.
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Cerca de Villadangos del Páramo |
Hay que meterse otros 10 kms. largos, prácticamente en línea recta, para,
tras atravesar el pequeño pueblo de SAN MARTÍN, alcanzar finalmente HOSPITAL DE ÓRBIGO (km. 343), estación término por el día de hoy. La pequeña
localidad, de unos 1.000 habitantes, está situada junto al río del mismo
nombre, y rodeada de amplias extensiones de regadío.
Como su
propio nombre indica, el núcleo tiene su origen en un antiguo hospital de
peregrinos, que no era precisamente un centro de salud, sino donde se ofrecía
hospitalidad, es decir, albergue a quienes se dirigían a Santiago. De hecho se
sigue llamando ‘hospitaleros’ a los encargados de los actuales albergues.
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Llegando por el puente |
Y, ya puestos, acabamos la cita anterior: ‘El peregrino continúa su marcha hasta cruzar
la carretera y llega a una bifurcación. Desde allí encontrará la carretera
hacia Astorga que es el siguiente punto importante de la peregrinación’. Pues hacia allá
nos vamos en la siguiente jornada, que Astorga es una localidad encantadora que
merece una visita tranquila. Y encima la caminata será asequible hasta para las
articulaciones más castigadas.
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