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viernes, 24 de abril de 2020

Serantes desde Kabiezes

El Serantes es un monte indisolublemente ligado al municipio de Santurtzi, un núcleo urbano recostado entre la falda del monte y el mar, como pocos de su tamaño. De forma que las calles de la vieja aldea pesquera son como un puente entre el verde y el azul. Ello a pesar de que aproximadamente la mitad de la superficie del Serantes pertenezca al vecino Zierbena, también de vocación marinera y algo más montañero.

Así que gracias a su privilegiada ubicación (o por su culpa, según se mire), el Serantes es un monte sumamente humanizado: no solo congrega numerosos paseantes y una curiosa romería el Lunes de Pascua, sino que reúne varios fortines y un pequeño castillo, lo recorren una línea de alta tensión y una larga pista, y es sede de una magnífica prueba montañera que le vincula a los pequeños y muy próximos Luzero y Montaño.

No tendrá por tanto el encanto de una naturaleza salvaje o exuberante, pero pocos montes pueden disfrutar de panorámicas más espectaculares.

            DISTANCIA: 6,30 kms. (solo cima) / 8,5 km. (alternativa)
            DESNIVEL: 390 m. (62-452) CENTENARIO - Techo municipal (Santurtzi)
DIFICULTAD: Solo ascensión: Baja 6 (3-2-1)  Rampas del 30%
                      Alternativa: Media-Baja 8 (3-3-2)  Rampas del 30% - Zonas de peligro
            ITINERARIO (ida y vuelta, o circular)  Inicio y Final: Metro Kabiezes
            VIAS: Urbanas, carretera, pista de tierra, senderos
ACCESOS: Desde Bilbao, autopista a Santander salida Santurtzi-centro. En la primera rotonda se gira a la derecha y se sube hasta la segunda, donde se encuentra el mercado de Kabiezes. Bizkaibus A-3151 parada Kabiezes. Metro Kabiezes.
TRACK: Wikiloc
ENLACES CON: Serantes desde Valle 
Más información:
Guía Cartográfica de Bizkaia mapa 14
IGN MTN50-0061 Bilbao y 0037-Algorta




Aunque la boca de metro de Kabiezes (salida Lauaxeta) queda más cerca de la ruta que vamos a seguir, tomamos como referencia la rotonda de Kabiezes (mercado y parada de bus) por ser más próxima a cualquier medio de transporte que vayamos a tomar (por cierto, no es buena idea venir aquí en coche, porque el aparcamiento es una aventura casi imposible. Estáis advertidos).

Esta excursión tiene dos partes bien diferenciadas: lo que es propiamente la ascensión a este monte (o sea, subir y bajar por el mismo camino), y una prolongación en la que recorremos parte del cresterío y volvemos por senderos un poco más complicados. Como las dos partes son independientes, y entendemos que pueden ser aptas para distintos tipos de aficionados, las exponemos por separado, y cada cual que se sirva a su gusto.

La ascensión

Los últimos caseríos
Justo al lado de la rotonda de Kabiezes, empezando a bajar hacia el centro de Santurtzi, unas escaleritas llevan a una especie de parque con unos columpios, y en cuanto las subimos ya se ve la tapia y las torres de iluminación del campo de fútbol de San Jorge, que es hacia donde hay que ir, siguiendo la calle Pajares. Pasamos junto al campo y seguimos subiendo, ahora junto al instituto de FP San Jorge, y más adelante otro centro educativo, dejando todo ello por la derecha. Todavía se puede ver (izquierda) alguna de las viejas casitas que poblaban estas laderas hace unas décadas. Nada más pasar el último colegio bajamos ligeramente, siempre por carretera, para volver a remontar unos metros en dirección a un edificio verde, que es la residencia Nuestra Señora de Begoña. Justo antes de llegar, con la finca ‘La Ponderosa’ por la derecha, hay una bifurcación donde, junto a unos contenedores, tenemos que tirar hacia la izquierda para pasar por el barrio de El Villar.

Inhóspito
Tras dejar atrás las últimas casas, enfilamos hacia algo llamativo: una amplísima estrada, pedregosa y en moderado ascenso, que canta una barbaridad si lo miramos en el Google Earth, y se diría que es lo que queda de alguna infraestructura que no llegó a terminarse. Se inicia en una especie de explanada donde aparcan algunos coches y hay una finca por la izquierda. A partir de ahí es un camino ancho y desnudo, con lajas y piedra suelta, y con pendiente no muy fuerte, que se puede superar mejor por un senderito por la izquierda. Sin darnos cuenta, pasamos sobre la salida de la autopista hacia el puerto. Son aproximadamente 400 metros de camino recto, al cabo de los cuales ya hemos ganado suficiente altura como para ver la cima –que no perderemos casi en ningún momento- y tener a la espalda alguna perspectiva sobre los montes de Triano, Ugaldebieta y Gallarta.

Nuestra cima
Con alguna señal que indica la dirección hacia el Serantes (son pequeñas, pocas y no muy visibles), el camino se estrecha y gira a la derecha, pasando junto a la tapia de otra casa y un vallado de madera, atravesando el cual (derecha) llegaríamos hasta el polvorín del Mazo, asentado en una colina encima del barrio de Mamariga. Llegamos a un punto (TORRE) donde debemos girar a la izquierda; en realidad, el camino describe el giro, pero puede atajarse por el interior, siempre a escasos metros de una torre eléctrica, que nos debe servir de guía sobre todo a la vuelta, porque hay numerosos caminos en todas direcciones. Tras coincidir unos metros con los postes de una conducción de gas, pasamos ahora a un senderito de tierra que enfila directamente hacia el cono superior del monte, pasando junto a bonitos espinos en flor. Según miramos a la cumbre, distinguimos a la izquierda el vistoso resalte rocoso por el que pasaremos a la vuelta (si tomamos la alternativa que luego se explica).

El Abra, puerto y Punta Galea
Vamos poco a poco cogiendo metros, y el camino se estrecha y se ancha alternativamente, hasta que vemos la primera marca del GR 123 Vuelta a Bizkaia, y alcanzamos una especie de rellano. En una curva a la derecha, dejamos por la izquierda un sendero por el que volveremos, precisamente con los postes de señalización del GR y otra gran baliza blanca. Remontando unos metros más, alcanzamos ya el FUERTE, justo en la base del tontor final del Serantes. Este collado reúne a la mayor parte de gente en la famosa romería de Cornites, el lunes de Pascua. Todas las fortificaciones de este monte proceden del siglo XIX, y podemos leer aquí y aquí sobre su historia y características. Con buen tiempo, suele verse gente tomando el sol en este fuerte, y recientemente ha sido objeto de algunas obras para instalar un punto de observación de aves y quizás algunas cosas más. Por ahí han circulado algunos proyectos faraónicos de esos que gustan tanto a los políticos, y de los que hablamos (de los proyectos, no de los políticos) en la entrada Serantes desde Valle.

Desde lo alto de 'La cuesta', con el fuerte abajo
Ahora ya solo queda el final, o sea, lo más jugoso: ‘La Cuesta’, como reza el cartel indicador, esa rampa de unos 300 metros de longitud que remonta los últimos noventa y tantos hasta la cima. Con esas cuentas que solemos hacer, la conclusión es clara: nos comemos un desnivel por encima del 30% de principio a fin, por sendero algo pedregoso, aunque permite zigzaguear un poco y, si nos paramos a tomar un poco de aire, ofrece una vista espectacular a nuestra espalda. También es verdad que este tramo, antiguamente árido y desnudo, ha sido repoblado por la vertiente interior (izquierda), y por ahí, entre árboles, siempre resulta menos severa la ascensión.

Lavando la cara al 'castillo'
Con este interesante aperitivo, llegamos finalmente, tras cosa de una hora, a la cima (SERANTES, 452 m.), coronada por el castillo hace poco remozado, con una mesa de orientación mirando hacia Bilbao (sureste), y la enorme antena detrás. El Serantes es por su ubicación una atalaya excepcional, desde la que se observan sin dificultad la mayoría de los montes más significativos de Bizkaia, desde Jata y los montes de Durango, hasta Ganeko, Eretza, Ganeran o Mello, incluyendo por
Ugaldebieta, Gallarta y montes de Triano
supuesto el Gran Bilbao al completo. El resto, hacia el oeste, lo veremos enseguida. Detrás del castillo, en efecto, encontramos dos buzones y un horrendo e innecesario mirador, y ahí tenemos más vistas excepcionales que alcanzan hasta cabo de Ajo, Santoña, el Cerredo y Castro, con Muskiz y Montaño (Serantes Txiki) en primer término, y Alen y los montes de Saldamando detrás. Aquí concluye lo que es propiamente la ascensión a este simpático monte, y nos volvemos por el mismo camino de ida hasta nuestro punto de inicio.

A no ser que queramos prolongar la excursión y darle algo más de exigencia y emoción:

Alternativa: vuelta por el interior

Bien, aviso que esto que viene tiene un poco más de enjundia, que añadimos cerca de 3 kms. a lo que sería el descenso ‘normal’, y también alguna dificultad que iremos contando.

El giro, con vistas al oeste
Una vez en la cima, seguimos la cresta en dirección NW, o sea, la contraria a la de llegada, primero por la pista y luego, abandonándola en la primera curva, tomando el senderito que va cumbreando en dirección a una enorme torre eléctrica rojiblanca, que enseguida se hace visible. Por camino fácil y entretenido, pasamos en unos minutos junto a la Cueva Mayor. La trocha se bifurca cuando uno de los brazos se arrima más a los cortados, y desciende muy suavemente con vistas espectaculares tanto hacia la costa de Cantabria como hacia la zona minera del interior. Tras unos diez minutos de paseo aparecen los postes que indican el giro a la izquierda que sigue el GR 123, que es por donde vamos a continuar. Nada más hacer el giro, se presenta el primer problema, y el más peliagudo: nos metemos de lleno en una pendiente muy
Con cuidado
potente (más del 45%) que cae hacia los pastos de Valle, y sobre todo, tenemos que superar una zona de roca desnuda al mismo tiempo que perdemos metros en una especie de talud muy pronunciado. Hay que bajar con mucho cuidado para no irnos rodando ladera abajo, y de ninguna manera tomar esta opción en caso de visibilidad limitada o firme resbaladizo. Puede ser un punto peligroso.

Superados los metros iniciales, que son los peores, tomamos el típico caminillo que faldea en medio de una pendiente todavía muy fuerte, algo que recuerda a la Senda del Espino del Ganeko o a la Senda Negra del Tologorri, aunque con dimensiones mucho menos brutales. Para mis colegas los del vértigo: si nos decidimos a seguir por aquí, manita izquierda buscando la pared y mirada fija en el camino, olvidándonos del paisaje. La senda va perdiendo altura, ahora más suavemente, hasta encontrar una bifurcación, de nuevo señalada (de forma excesiva y algo confusa) por las balizas del GR. En nuestro caso, vamos a seguir esta ruta, tomando el camino que desciende por la derecha, aunque puede ser recomendable hacer lo contrario, como se indica ahora:

VARIANTE: si tomamos el camino de la izquierda (el que el GR marca como que no hay que seguir) perderemos menos metros que luego no habrá que remontar. El camino, de características similares al GR aunque algo menos vistoso, es mucho más horizontal, y se reúne con el propuesto unos 800 metros más adelante, evitando el sube-baja que describimos a continuación.

Vuelta hacia el fuerte
Siguiendo por tanto la indicación del sendero balizado, continuamos en descenso más pronunciado, aunque ya sin la compañía de las grandes pendientes anteriores. Pasamos junto a un arbolado, e inmediatamente después atravesamos una especie de pequeña canal en otro de los resaltes rocosos que jalonan esta vertiente del monte, quizá el punto más bonito de esta parte de la ruta. Continuamos siempre en descenso, divisamos de nuevo en lo alto la antena de la cumbre –todavía no estamos bajo ella ni mucho menos-, y llegamos a una nueva bifurcación, donde hay que estar atentos: aquí debemos abandonar el GR, que continúa bajando hacia la visible área de servicio de Ugaldebieta, y toca recuperar los metros perdidos.

Siempre por el mismo formato de senda estrecha (y puede que embarrada en algunos puntos) remontamos un par de repechos, el último y más potente de los cuales corresponde al contrafuerte que vimos al acercarnos a la cima, y finalmente alcanzamos la pista de subida junto a los postes y el fuerte, claramente visible. A partir de aquí no queda más que deshacer el camino de subida hasta nuestro punto de partida en Kabiezes.

Santurtzi, más cerca
Hay que advertir que, en la bajada más que en la subida, puede ser fácil liarse un poco con la cantidad de caminos y bifurcaciones que existen en esta parte del monte. No olvidemos que es un lugar muy próximo a la ciudad y por tanto muy frecuentado desde siempre. Por tanto, si necesariamente tenemos que volver a Kabiezes hay que tener un poco de cuidado en no perder la ruta, por ejemplo fijando algunos puntos de referencia, principalmente la torre del tendido eléctrico que vimos al subir. Pero si hemos venido en transporte público –que es lo más recomendable- no habrá problema en tomar otro camino: todos ellos, a partir del fuerte, terminan en algún punto del casco urbano de Santurtzi, donde tenemos muy fácil acceso a Metro, autobuses o tren para volver a casa.

sábado, 17 de marzo de 2018

Astondo


La bahía de Plentzia es uno de los lugares más fotogénicos de toda la costa de Bizkaia. La cierra por el sur la Peña de San Valentín, en Barrika, y por el noreste la punta de Astondo, en Gorliz. La bellísima playa la comparten Gorliz –que se lleva la mayor parte- y Plentzia, que aporta la ría y quizá por ello se queda con el topónimo de este extraordinario lugar. Sus atardeceres son mágicos cuando las aguas se encuentran en calma, aunque también resulta sobrecogedor asistir a un temporal, cuando la furia del mar pugna contra muelles y acantilados.

Una pequeña excursión partiendo de la misma playa permite encaramarnos a una de las atalayas desde las que mejor se contempla el entorno: el alto de Astondo, también llamado Antekera, al que accedemos por caminos bastante acondicionados que se llenan de paseantes cualquier día de buen tiempo.

               DISTANCIA:  4 km.     
DESNIVEL: 130 m. (0-130)
DIFICULTAD: Ninguna 2 (1-1-0)
            ITINERARIO (circular)  Inicio y final: Playa de Astondo (Gorliz)
            VIAS: Senderos de tierra, escaleras, camino asfaltado
ACCESOS: En coche desde Bilbao nos dirigimos hacia Plentzia. Sin entrar en el pueblo se cruza el puente nuevo y se sigue dirección Gorliz por la BI-3154 y después BI-3158 hasta el aparcamiento junto a la playa de Astondo. Metro Bilbao hasta Plentzia, y de ahí Bizkaibus A3499 hasta el Hospital de Gorliz.
TRACK: Wikiloc
Más información:
Guía Cartográfica de Bizkaia mapa 3
IGN MTN50-037




Playa de Gorliz, desde Astondo
En la larga cuesta en que finaliza la BI-3158, con el Hospital de Gorliz por la izquierda, podemos encontrar sitio para aparcar… siempre que no vayamos en jornada y horario de playa. Ahí mismo nos deja el bus A3499 que enlaza con el Metro en Plentzia, así que es un buen punto de partida. Bajando hacia la playa, dejamos por la derecha el camino asfaltado que se dirige hacia la Granja foral, junto a la que pasaremos a la vuelta. Por la derecha, tras un vallado, tenemos la zona de dunas cementadas o pétreas, creadas por la fuerza de los vientos y la acumulación de arena sobre la ladera (jo, cómo jugábamos de críos sobre ellas, ajenos a su importancia geológica). Hay que caminar unos metros más en dirección al espigón que cierra la bahía, y encontramos enseguida el acceso para iniciar la subida.

Empezamos por subir una pequeña rampa con barandilla, con pendiente suave y las primeras perspectivas sobre el arenal de Plentzia-Gorliz y la maravillosa rada semicircular que lo baña. Enseguida giramos a la izquierda y seguimos subiendo, con algunos escaloncillos, para ir así zigzagueando varias veces según ganamos altura. La ruta es agradable, siempre bajo tupido arbolado y muchos paseantes a poco buen tiempo que haga. Vamos alternando tramos de tierra, otros algo rocosos y varios con más escalones, de diversos formatos, continuos o alternos.

Playa de la Cantera y vistas al Este
Cuando hemos subido hasta unos 60 metros, nos olvidamos de la bahía porque pasamos ya a la cara norte de esta pequeña colina, donde enseguida nos encontramos la hermosa cala de Askibilla, con un pequeño islote. Accedemos a un pequeño mirador, donde la vista es estupenda ahora sobre la punta de Astondo y el promontorio de Gaztelu, al otro lado de la bahía, junto a la playa de La Cantera-Muriola. En días limpios, la vista se extiende por el oeste hasta cabo de Ajo. 

Poco después del mirador el camino empieza a descender, y es el momento en el que nos desviamos por la izquierda entre la maleza para descubrir, muy cerca del sendero, la cima de ASTONDO (127 m.) con un minúsculo buzón. Como hay que confesar que no hemos conseguido encontrarlo, no hay foto, aunque tenemos algunas en la página de Mendikat que ponemos arriba. Esta pequeña cima recibe también el peculiar nombre de Antekera o Antikera que, según la Toponimia de Gorliz, es un ‘exotopónimo de carácter exótico’ tomado precisamente de la conocida localidad malagueña homófona. Hay que ver qué cosas. Aunque lo cerrado de la vegetación tampoco invita a ello, no nos vengamos arriba en tareas exploratorias alrededor de la cima, porque las caídas del acantilado están muy próximas y no son para andarse con bromas (cien metros en picado y tal).

Bajando, con Kukulu a la vista
Como decía, el camino empieza aquí a bajar, con la vista en el siguiente alto (Kukulu) y el faro. Bajamos ahora un senderito escarpado con vistas sobre el mar y hacia el cabo de Urtikoetxe, donde se asienta el fortín de Azkorriaga, o ‘castillito’, que vamos a visitar a continuación. El descenso es cómodo, con algunos tramos de escalera. Curiosamente, si después observamos este tramo desde Kukulu (vista atrás) da la sensación de estar colgado sobre el acantilado; pero en realidad, aunque vamos no muy lejos del borde, no presenta ningún peligro, protegido por el pequeño arbolado.

Camino hacia Azkorriaga (izquierda)
Llegados al punto donde se inicia el camino hacia el fortín, y abandonamos por tanto el camino
hacia la izquierda. El primer tramo me parece francamente peligroso, con lajas y piedra suelta, y engañosa caída hacia el mar (hay algún inconsciente que ha andado por aquí de noche, verdad Charly?). Luego, el senderillo lleva sin complicación hacia los restos de la fortificación. Por la izquierda tenemos la pequeña cala de Errotatxu, y llegamos a los derruidos muros, cerca de la punta (AZKORRIAGA). Realmente, el lugar no tiene mayor interés que las vistas, y situarnos en una lengua de tierra que se adentra en el mar.

Ermua (dcha.), cabo Billano
y faro de Gorliz desde Kukulu
De vuelta al camino principal, retomamos la dirección anterior –es decir, giramos a la izquierda- para ascender la pequeña rampa que, con un vallado por la derecha, nos separa del alto, por zona despejada de apariencia similar a las landas que coronan los acantilados de Sopelana y Barrika. Como también es usual en la zona, encontramos en el alto (KUKULU) un pequeño bunker, quizá un puesto de vigilancia, medio tapado por la hierba. Aunque hay posibilidad de tomar algunos senderillos por cotas más bajas de cara al mar, lo normal es seguir el camino que ahora va girando a la derecha hasta desembocar en un camino asfaltado, que es el que tomamos para acceder al faro de Gorliz. Lo vemos a la izquierda y podemos llegar a él en unos pocos minutos.

Con o sin faro, tomamos la carreterilla hacia la derecha, bajando suavemente junto a la Granja foral, donde se realizan actividades para la mejora de la ganadería de Bizkaia. Así, tranquilamente salimos de nuevo a la carretera de acceso a la playa, de donde hemos partido, habiendo completado una excursión corta y vistosa que fácilmente podemos completar con otras rutas de muy diverso perfil (ver enlaces arriba), o con actividades de playa, paseo o picoteo en una zona con tantos recursos de todo tipo.

viernes, 2 de febrero de 2018

Soano-Isla

El Ecoparque de Trasmiera es una iniciativa con la que el Ayuntamiento de la localidad cántabra de Arnuero pretende fomentar el conocimiento de sus recursos naturales y la riqueza de su historia. Este municipio ocupa una franja litoral situada entre la ría de Castellanos al Oeste, y Noja por el Este, quedando limitada por el sur aproximadamente por el trazado de la CA-147 que enlaza Beranga y Noja.

Son muy diversas las rutas –casi todas semi-urbanas- por las que pueden recorrerse distintos parajes de los pueblos que forman la localidad. En esta ocasión nuestro recorrido unirá Soano e Isla, los dos núcleos de mayor peso turístico de la zona, siguiendo en su mayor parte la Senda 3 del Ecoparque. Un paseo tranquilo para todos los públicos en el que conocemos unos cuantos de los atractivos históricos y naturales de este entorno encantador.

              DISTANCIA: 3,5 km.   
DESNIVEL: 80 m. (0-80)
DIFICULTAD: Ninguna 0
            ITINERARIO (lineal)  Inicio: Soano Final: Isla (casco histórico)
            VIAS: Sendero de tierra, bidegorri, caminos asfaltados
ACCESOS: Desde Bilbao en coche, autopista A8 dirección Santander hasta salida 185 Beranga-Noja-Isla. En Beranga se toma la CA-147 en dirección Noja-Isla, hasta la última rotonda, donde se coge la CA-141 dirección Santander-Arnuero-Somo. Primer desvío a la derecha y, tras aproximadamente 2 kms. se toma el desvío a la derecha hacia Soano.
ENLACES CON Marisma de Joyel
TRACK: Wikiloc
Más información:
Guía Cartográfica de Cantabria mapa 4




Santa María de la Luz, en Soano
En el pequeño pueblo de Soano, fijamos nuestro punto de partida junto a la iglesia que tiene el bonito nombre de Santa María de la Luz, una de las más antiguas de Trasmiera (siglo XII). A unos pasos tenemos un agradable bar-restaurante con algún espacio para aparcar, pero aquí mismo, junto a la iglesia, da inicio el camino que, en unas decenas de metros, conduce a la Casa de las Mareas, un sugestivo espacio que constituye el Centro de Interpretación y observatorio de la Marisma de Joyel, que sin duda merece una primera visita.

Vegetación de la marisma
Desde la iglesia una pequeña calle nos lleva hasta la carretera que une Isla y Noja a través de Soano. Con mucho cuidado (es una vía estrecha y sin arcén, con bastante tráfico en verano) giramos a la derecha y en unos pasos tomamos un camino de tierra junto a una casa, por el que nos introducimos en el camino que recorre la marisma. Como esta parte del itinerario ya lo describimos en la entrada Marisma de Joyel no me extenderé más. Caminamos en paralelo a la carretera, bajo la magnífica estampa del monte Cincho, con el humedal por nuestra derecha, hasta alcanzar un cruce con un banco y un panel informativo. El camino de la derecha nos lleva hacia el molino de Santa Olaja, al que podemos llegar en unos cinco minutos pero, salvo que queramos visitarlo, esta vez continuamos de frente hasta llegar al aparcamiento, donde tenemos un par de cosas más que ver.

Mirador sobre la marisma
Tras una caseta con información sobre el entorno, encontramos por la derecha un bonito mirador de madera donde resulta inevitable hacer alguna foto sobre la lámina de agua en la que se pasean cisnes y otras anátidas. Casi al lado, bajando unos escalones, podemos acercarnos a contemplar la vieja fuente de la Esprilla, una surgencia de agua dulce procedente del Cincho que alimenta la parte interior de la marisma. Aunque no es un lugar especialmente vistoso, es una lástima que no se encuentre mejor conservado y señalizado.

Abandonamos ya la marisma por el lado contrario al de nuestra llegada al parking, tomando el bidegorri junto a la carretera en la misma dirección que traíamos. Justo antes de llegar a una amplia curva tenemos que cruzar la calzada hacia un espacio baldío –lo que parece el resto de la carretera antigua-, y ahí tomar por la izquierda un sendero de tierra que discurre entre vallados por el mismo piedemonte. En unos 300 metros salimos a otro camino asfaltado, denominado Mies de la
Torre del Rebollar
Hoz, que tomamos hacia la derecha. Seguimos por él otro tramo similar hasta encontrar un desvío por la izquierda, que deberemos seguir.

En zona que alterna pastos y arbolado, llegamos luego a una bifurcación, donde tomamos el camino de la derecha, y de inmediato estamos ante la Torre del Rebollar, aunque sus propietarios consideran que el nombre correcto es el de Torre de los Isla. Es una de las varias construcciones defensivas que salpican la zona, quizá la más hermosa de todas, erigida sobre uno de los muchos pequeños cerros calizos que se levantan sobre el valle, con un bosquete de robles detrás y un espectacular jardín en el que afloran blanquísimas rocas aquí y allá. Efectivamente, el edificio está habitado, y tiene adosada la ermita de Santa Bárbara, que no se puede visitar.

Camino hacia el pueblo
Seguimos adelante por la carreterilla rodeados de calizas y frutales, pasamos frente a un par de casas y llegamos a un nuevo cruce, donde tenemos que girar a la izquierda, entre dos muros de piedra. Ganamos unos pocos metros y pronto encontramos por la derecha un camino de hierba que conduce a un pequeño arbolado. Vamos a dar a un nuevo camino asfaltado y, siguiendo los carteles indicadores, llegamos a lo que se conoce con el inquietante nombre de Humilladero de las
Humilladero
Ánimas. Se trata de un pequeño recinto de piedra de los que por lo visto se situaban a la entrada de los pueblos, en especial en aquellos vinculados a rutas de peregrinación, como es el caso, según veremos luego.

El Torrín en lo alto
El camino nos conduce enseguida a la carretera que procede de Arnuero, y ya tenemos a la vista la iglesia de Isla, hacia donde nos dirigimos. También tenemos una buena perspectiva sobre otra fortificación, en este caso la Torre de Cabrahigo o del Condestable, más conocida como el Torrín. Es el blanco edificio que vemos en lo alto, desde donde domina todo el valle, rodeado por una amplia extensión ajardinada (nos podemos acercar en unos minutos tomando un camino por la izquierda desde las cercanías de la iglesia, aunque creo que tampoco está abierto al público). Siguiendo la carretera llegamos ya al casco histórico de Isla, un lugar encantador donde, muy próximas unas de otras, hay también varias cosas que visitar.

Conjunto iglesia/librería en Isla
Empezando por la preciosa iglesia de San Julián y Santa Basilisa, uno de esos ejemplos tan llamativos de edificios religiosos de envergadura en núcleos de población minúsculos. Desde sus alrededores tenemos además una espléndida perspectiva del valle, teniendo a la vista grandes extensiones de maizales y varios de los lugares que hemos visitado en nuestro recorrido, con el Cincho siempre en escena. En un lateral de la iglesia se encuentra el Hospital de Peregrinos, rehabilitado en 2011 para servir como albergue y, atravesando el pueblo por la carretera, al otro lado se encuentra el Palacio de los Condes de Isla. Rodeado por una pequeña almena y un prado donde pastan vacas, se encuentra también habitado y es quizá el monumento más admirado de la comarca.

Palacio de los Condes de Isla
Pero bueno, como no todo va a ser arquitectura, en el mismo corazón del casco urbano encontramos (al menos en verano) algo realmente insólito: la magnífica librería de viejo 'El almacén de los libros olvidados', que atrae a más visitantes que muchas otras de las grandes ciudades, y es el motor de la actividad comercial del lugar, junto –naturalmente- con los dos muy recomendables restaurantes que tiene enfrente, al otro lado de la carretera.

Esta vez hemos querido traer una excursión lineal, con inicio y final en puntos diferentes, y ha sido a propósito. Porque desde el casco de Isla casi resulta preferible improvisar un poco el camino de vuelta. Junto al Palacio de los Condes hay una pequeña rotonda desde la que –aparte del camino a la playa de La Arena, que ya queda un poco a desmano- un camino vecinal lleva directo hacia el barrio marítimo y turístico de Quejo por su parte más alta. Por aquí podríamos enlazar con otras rutas hacia los Acantilados o la Antena. La otra vía es la carretera principal que, no obstante ofrecer multitud de caminos alternativos, comunica directamente con la general por donde hemos salido de la marisma, con lo que es otra posibilidad para regresar a Soano en un suave y agradable paseo.

jueves, 21 de diciembre de 2017

Atalaya del Buciero

El Buciero es una península pero es casi una isla: sus únicas conexiones con tierra son una playa y una marisma, la playa de Berria y la marisma de Santoña. Sin embargo, este caprichoso accidente orográfico, de forma ligeramente ovalada, forma una masa potente, con picos que se levantan bastante por encima de los 300 metros sobre el mar que lo rodea. Protegido por vertiginosos acantilados, como ya intuyeron sus antiguos pobladores constituye una fortaleza natural inexpugnable que protege tanto la entrada de la bahía como el pueblo de Santoña que se recoge a sus pies.

Con estas características no es sorprendente que se nos ofrezca un espacio atractivo para el senderismo, que reúne atractivos paisajes tanto marinos como montaraces que se pueden recorrer sin demasiada dificultad. Aprovechamos parte de las interesantes rutas diseñadas por el Ayuntamiento de Santoña para conocer algunos de estos lugares.

              DISTANCIA: 7,1 km.   
DESNIVEL: 245 m. (75-318)
DIFICULTAD: Baja 5 (2-2-1) Rampas del 30-40%
            ITINERARIO (circular)  Inicio y final: Fuerte del Mazo (Santoña)
            VIAS: Camino asfaltado, senderos de tierra
ACCESOS: Desde Bilbao, autopista dirección Santander salida 177 Cicero-Treto-Santoña. Se toma la N-634 hasta Santoña. Aquí, seguir dirección al Paseo marítimo y al final de subimos hacia el fuerte de San Martín. Se gira a la izquierda en dirección al Fuerte del Mazo y en 1,5 km. tenemos por la izquierda un pequeño espacio donde aparcar. 
TRACK: Wikiloc
Más información:
https://www.turismodecantabria.com/ficherosGaleria/esp/.../mapa-turistico-santona.pdf
(2ª parte)
IGN MTN50-0036


Panel informativo y cimas, junto al Polvorín
El Polvorín del Helechal era un antiguo depósito de armas y munición que servía a las fortificaciones napoleónicas que aún hoy salpican el también llamado Monte de Santoña. Lo que queda de los antiguos edificios se utiliza actualmente como cuadras y casa de aperos, y enfrente tenemos un pequeño espacio donde aparcar. Desde aquí vemos también en un pequeño alto el Fuerte del Mazo (o de Napoleón), la más significativa fortificación del interior de esta península, que visitamos al final de la excursión. Y tenemos también a la vista las dos principales elevaciones de la zona: por la derecha, con su corona rocosa, las cumbres de Buciero y Ganzo; por la izquierda, la Atalaya a la que llegaremos en un rato, culminada con una pequeña edificación.
Inicio del sendero

Unos metros después del Polvorín tomamos un camino asfaltado que desciende por la derecha, por donde siguen varias de las rutas que recorren los alrededores. Aquí hay que prestar un poco de atención para abandonar la carretera por la derecha y tomar un sendero con la indicación ‘Ecosistemas del bosque’. Es justamente esta ruta, señalada con las marcas de PR y un punto rojo, la que seguiremos en la primera parte de nuestro itinerario. En este tramo iremos alternando camino bajo arbolado con zonas abiertas junto a alguna casa, pastizales y vistas a las cimas principales.

Por el encinar
En unos 400 metros ya nos encontramos bordeando por el norte una loma y nos internamos definitivamente en el tupido bosque característico del litoral cantábrico y dominado por las encinas. Hay que decir que más o menos por aquí hay un vacío en el track, seguramente por haber perdido la señal, pero el camino no tiene pérdida por resultar muy evidente y estar perfectamente señalizado. El sendero es amplio y cómodo, en ligera subida y con algunas zonas de roca. Aunque encontramos numerosos desvíos a derecha e izquierda, no abandonamos nuestro camino, incluso aunque uno de ellos esté indicado con una señal que indica ‘Atalaya’.

Variante: Faro del caballo

Cuatro Caminos, con señal
Pronto llegamos al cruce conocido como CUATRO CAMINOS, donde enlazamos con la pista que circunvala la península. Y aquí se nos ofrece una muy interesante alternativa: si seguimos de frente, por sendero debidamente señalizado, en unos minutos estamos en el acceso al famoso Faro del Caballo, uno de los emplazamientos emblemáticos del municipio, y uno de los parajes más espectaculares de la costa de Cantabria.

Empezamos a bajar
Contando que Cuatro Caminos se encuentra a cerca de 200 metros sobre el nivel del mar, es este desnivel el que hay que descender para llegar al faro, y obviamente lo mismo lo que habrá que remontar de nuevo hasta el camino. No es tarea fácil y, tras unas decenas de metros de sendero, la operación se completa descendiendo los famosos 700 escalones (763 según alguna fuente) tallados en la roca por presos del cercano penal del Dueso. El descenso resulta vertiginoso, por un estrecho pasillo al borde de impresionantes acantilados, hasta llegar a la plataforma en que se asienta el faro. Y si aún queremos más, otro tramo de escaleras (unas cien de propina) no conduce directamente al mar, de profundas y azulísimas aguas en las que los más valientes pueden incluso darse un chapuzón.

Las magníficas fotos y video de esta página ayudan a hacerse una idea de la maravilla que podemos encontrar allí abajo.



Porque, claro, luego hay que subir de nuevo, lo que requiere tiempo y buenas piernas. De manera que, aunque es obligado hacer mención del faro llegados a estos lugares, parece más recomendable visitarlo ex profeso en una excursión más sencilla, por lo cual no lo he incluido en el track ni en el mapa.

Atalaya y camino de vuelta

En el cruce de Cuatro Caminos hay que seguir la ruta girando al norte para tomar el amplio sendero, a la derecha si hemos visitado el faro, o a la izquierda en caso contrario, siguiendo ahora las marcas verdes y azules. El camino sigue siendo sencillo y cómodo, en muy ligera bajada durante algo menos de 1 km.

Señales junto al desvío
Ahora hay que prestar mucha atención para descubrir una señal direccional que indica que debemos abandonar el camino por la izquierda (DESVIO-2). Es el punto más complicado de todo el recorrido, por lo enmarañado de la vegetación y la escasez de marcas -algo que no ocurre en ningún otro lugar de los itinerarios. La orientación (siempre hacia arriba) es evidente, pero es importante no perder la trayectoria, porque el entorno es sumamente confuso. De manera que es mejor ir despacio y no avanzar mucho si no vemos marcas de algún tipo (hay algún cairn y alguna cinta en los árboles). Pero además los primeros 200 metros son también muy verticales (alrededor del 40% de desnivel), y la progresión requiere un cierto esfuerzo.

Últimos metros
Tras este primer tramo, la cosa se suaviza al llegar más o menos a los 260 metros, una zona con grandes rocas por la izquierda. A partir de aquí el camino vuelve a hacerse más amable y fácil de seguir, y en unos minutos alcanzamos la cima (ATALAYA, 318 m.), ocupada por puesto de vigilancia de piedra y de dimensiones respetables.

Vista al oeste: Berria, Argoños, Mijedo, Noja...

Desde luego, ha valido la pena, porque las vistas son excepcionales. Hacia el oeste contemplamos la marisma de Santoña y Montehano, Argoños, el Gromo y la playa de Berria, los montes de Mijedo y la playa de Trengandín, las puntas de la Mesa y Quejo Menor, ésta última ocultándonos en parte cabo de Ajo, que se divisa al fondo. Hacia el sur las cumbres de Ganzo y Buciero nos ocultan la vista de Laredo, y hacia el norte, tras las lomas saturadas de vegetación se adivinan los acantilados que caen sobre el mar.

Camino de vuelta
Junto a la propia fortificación arranca el sendero de bajada, al principio sombrío y zigzagueante, con abundante roca, posteriormente cada vez más lineal y despejado. La verdad es que el descenso se hace algo largo y aburrido, cambiando de dirección un par de veces para después enfilar hacia el oeste, con alguna vista ocasional hacia el Mazo, que es a donde debemos llegar. Con la colina del Águila por la derecha, llegamos a un lugar llamado Yusa (Llusa según el mapa) con varios caseríos y prados con vacas. Aquí giramos a la izquierda y el camino pasa a ser de cemento. Ya cerca del Dueso, se deja por la derecha una estrada y en la siguiente intersección se gira a la izquierda. El último tramo, en ligera subida, nos aproxima ya al fuerte y a nuestro punto de partida, completando la ruta en unas dos horas (sin descenso al faro).

Fuerte del Mazo

Como decía al principio, el Fuerte del Mazo (o de Napoleón) se encuentra en un altozano muy próximo al Polvorín de donde hemos partido, así que le dedicamos una breve visita.

Como todas las fortificaciones de la zona, fue levantado por los franceses a principios del siglo XIX, al parecer para proteger otra más importante, situada en el Dueso. Está rodeado por una muralla en cuyo interior alberga varios edificios y efectivamente parece un emplazamiento perfecto para defender las zonas bajas. Sinceramente, al margen de su valor histórico, la visita sólo merece la pena si, como en esta ocasión, nos pilla a mano para algún otro plan más atrayente.