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domingo, 10 de mayo de 2020

Ventana del Relux

En los confines occidentales de Bizkaia, en el municipio de Karranza, amplios praderíos acogen barrios dispersos y numerosas explotaciones ganaderas. Los perfiles verdes y suaves contrastan con abruptas formaciones calizas, relieves tortuosos y precipicios que cortan la respiración. Un conjunto espectacular que puede disfrutarse en variados itinerarios para distintos niveles.

Uno de los más sencillos –aunque fácilmente podremos complicarlo y darle un aire montañero interesante- es el que nos conduce a la llamada Ventana del Relux, un arco pétreo colgado sobre el vacío, desde donde tenemos una perspectiva salvaje del valle que el río horada 700 metros más abajo. Un capricho de la geología escondido en esta esquina de nuestro territorio, que merece la pena conocerse.

             DISTANCIA: 10 kms.
            DESNIVEL: 170 m. (625-798) CENTENARIO (El Mazo)
DIFICULTAD: Baja 4 (1-3-0)                           
            ITINERARIO (ida y vuelta)  Inicio y Final: Alto de Ubal (Karrantza)
            VIAS: Pista de cemento y grava, senderos de tierra, campo a través
ACCESOS: Desde Bilbao en coche, autopista dirección Santander salida Balmaseda (BI-636). Se abandona por la derecha en Zalla para tomar la BI-3602 hasta el alto de La Herbosa, donde se toma (derecha) la BI-630, sin ninguna desviación hasta Karrantza. Poco después del desvío al Karpin, se toma (izquierda) la BI-3622 dirección Lanestosa hasta el alto de Ubal. Bizkaibus A0652 conecta Zalla, Balmaseda y Karrantza con Lanestosa, con parada en el alto.
TRACK: Wikiloc
Más información:
Guía Cartográfica de Bizkaia mapa 29
IGN MTN50-0061 Balmaseda



El alto de Ubal es un punto habitual en el inicio de excursiones por esta zona, la más occidental de Bizkaia, y conecta los valles de Karrantza (el municipio más extenso del territorio) y Lanestosa (el más pequeño). Aquí mismo empieza una pista de cemento que ocupa buena parte de la ruta, de momento algo más 1 km. hasta el primer cruce. En subida muy suave, empezamos a tener buenas vistas hacia el sur, donde dominan los montes de Ordunte donde domina el Zalama, y algo más al Oeste, Los Tornos. Pasando junto a diversas vaquerías, nos aparecen después los montes de Galdames y el Eretza, el Pico de las Nieves y la primera vista de las Peñas de Ranero. Un buen panorama –todo algo lejano- para entretenernos en un recorrido cómodo pero –reconozcámoslo- en su primer parte bastante aburrido.

Montes de Ordunte

Vista a las antenas
Ganando altura hacia lo que la cartografía llama Copa del Espinal, divisamos ya las inconfundibles antenas del Mazo (y torreta modelo Garbea), y enseguida tenemos a la vista la magnífica estampa de la sierra de Hornijo, encabezada por el fantástico Pico San Vicente. Naturalmente, veremos también la mole caliza del Pico del Moro y un poco más tarde la redondeada silueta de Encinalacorba, cerca de Rasines. Llegamos así a la primera bifurcación, junto a un establo con forma de fosterito. Por la izquierda nos iríamos hacia El Moro, así que seguimos por la derecha, siempre por la misma pista cementada.

Pico San Vicente y sierra de Hornijo

Ahora seguimos en línea recta hacia las antenas, observando algún cartelito de la Ruta Megalítica, de la que no se ven más indicaciones (también hay alusiones a esta ruta en la zona de Saltipiña y Cotobasero, donde tampoco hemos conseguido ver nada de interés). Otra señal indica poco más de 2 kms. hasta la Ventana, o sea, que estamos a mitad de camino. Hacia el sureste se divisa muy al fondo Anboto, y un poco más tarde veremos también el Gorbea, con lo que tenemos a la vista buena parte de la montaña de Bizkaia, sin que falten los más cercanos Jorrios y Armañón.

Seguimos la pista
Llegamos así al punto en el que abandonamos la aburrida pista: por la izquierda sale otra, esta de grava, cerrada con una puerta metálica verde con paso lateral. Por ella ascendemos suavemente hacia la antecima de las antenas, hasta alcanzar el primero de los depósitos (una especie de cilindro). Podemos continuar tranquilamente por la pista o escapar de ella tirando campo a través (con buena pendiente) hasta la primera ANTENA. Desde allí un sendero no muy visible y apenas señalado con marcas (creo que del GR 123) continúa hasta la cima (PEÑA DEL MAZO, 823 m.), en el límite con Cantabria. El trayecto no es largo pero sí algo intrincado, por lo que puede que no merezca mucho la pena si lo que venimos buscando es solo la imagen insólita de la Ventana.

Cima de El Mazo
VARIANTE: Si buscamos algo bastante más montañero, de la cima debemos seguir la misma dirección cumbreando y salvando alguna pequeña depresión a través del llamado Cordón de la Cuchilla para alcanzar luego el Reluso o Relux y bajar finalmente hacia la ventana. El itinerario no ofrece gran dificultad pero es algo tortuoso y exige cierta pericia.

Hacia el verde
Hayamos coronado o no, y de no continuar por la variante, volvemos a la pista justo donde la dejamos, junto al cilindro, donde se encuentran unos pastos. Cruzamos un paso en el vallado (DESVIO), accediendo al típico camino herboso por el que se ve que transitan las vacas. Todo es cómodo, sin desnivel ni problemas de orientación, aunque luego contaré alguna cosilla acerca de estas rumiantes. Continuamos en la misma dirección, prácticamente en línea recta, y tras pasar entre algunas manchas de matorral, llegamos junto a una alambrada. Seguimos en paralelo en ligera bajada y enseguida encontramos otra alambrada con un par de neumáticos que supuestamente facilitan el paso por debajo. Al otro lado, otro prado que atravesamos hacia una nueva valla en la un paso en escalera y un poste indicador nos facilitan la tarea para no perder la orientación. Quedan 600 metros hasta nuestro objetivo

Camino a la Ventana
Ahora estamos en campo abierto, dejando las antenas por la izquierda, al igual que dos pequeñas crestas rocosas, una de las cuales es el Pico que hemos visitado antes. Avanzamos por un senderito al principio bien marcado, que luego se difumina, sobre terreno ondulante pero casi llano, con alguna dolina por la derecha, y la referencia de las Peñas de Ranero, que muy grosso modo indican la dirección correcta. En las calizas del fondo se observa ya, justo en la cresta, lo que podría parecer los restos de una borda: aunque son unas simples rocas que parecen puestas de pie, es también una buena referencia, porque prácticamente debajo está la Ventana.

Ojo al precipicio
En unos minutos nos encontramos ante un vertiginoso precipicio entre grandes paredes con vistas a una masa rocosa que podría ser Lunada, y algunos barrios en el valle, cercanos a Ramales. Girando un poco a la derecha, señalado con una marca roja, se encuentra por fin la VENTANA, justo al lado de las rocas a que me refería antes. Es desde luego una curiosidad geológica, aunque claramente menos espectacular que por ejemplo el Ojo de Atxulaur o el Jentilzubi. El paisaje sí que es bonito, sobre todo mirando a Ranero (se ve el pueblo y parte de las instalaciones de la cueva de Pozalagua) y las amplias perspectivas hacia casi todos lados, incluido el Buciero de Santoña, Candiano y el karst de la Candina. Eso sí, ni se os ocurra asomaros al hueco (un pasito de más te lleva directo al vacío) , ni encaramaros en lo alto del arco, como hemos visto en algunas fotos.

Karst de Ranero, justo enfrente
El regreso, por el mismo camino y sin necesidad de visitar de nuevo el Mazo, es un paseo más o menos largo y puede que un poco aburrido, pero cómodo y sin complicaciones. A no ser que os pase algo como lo que cuento ahora.




La vaca asesina

Reconozco que, en general, y aunque pueda parecer algo chocante en un aficionado al monte, no me gustan demasiado los animales. En concreto, no me agrada mucho encontrarme en los paseos a animales sueltos, y mucho menos a perros cuidadores de rebaños o casas aisladas. Pero lo cierto es que durante ya bastantes años nunca había tenido un incidente con ningún animal al margen de los perros. Hasta que quise ver la Ventana del Relux.

Decía antes que al pie de la cima del Mazo encontrábamos junto a un depósito de agua un acceso para atravesar un prado. Pues efectivamente se entra sin problema como en tantas otras fincas y el ganado pasta tranquilamente por la zona. Pero el día en que se me ocurrió acercarme por esos lares, algo raro debió ocurrir que los animales detectaron y yo no. Un grupo de vacas, creo que frisonas, de color blanco y negro, comen y descansan en el verde, casi todas tumbadas. Como siempre hago, me voy aproximando manteniendo la distancia social con los animales, o sea, dando un pequeño rodeo para no molestarlas. Todas miran, como hacen siempre, pero la que se encuentra más cerca de mi gira la cabeza y se levanta. Me sigue con la mirada rotando el cuerpo; le vigilo, hace un movimiento extraño, y empieza a trotar hacia mí.

La vaca corre más de lo que se puede pensar, pero un servidor, dado lo complicado de la situación, da muestras de no haber perdido del todo la forma. Me voy directo hacia un zarzal y le hago un recorte que debió quedar bastante lucido. El caso es que al siguiente vistazo pude comprobar que mi perseguidora se había rendido. Pero de inmediato también fui consciente de que mi GPS (ese con el que marco las rutas para luego subirlas a Wikiloc) había caído en algún momento de la persecución. Por mucho que lo busqué, no hubo solución, como tampoco a través del ayuntamiento de Karrantza. El aparatito –al que le tenía cariño, porque fue el primero que tuve y era un regalo- fue la víctima colateral de la vaca asesina.

Es una anécdota, no me voy a quejar. No era un perro suelto en un camino público: la vaca estaba en su casa, en una propiedad privada en la que el intruso era yo, por muy pacíficas que fuesen mis intenciones. Y a lo mejor sirve para darnos cuenta de que el monte no es un parque; hay que ser respetuoso con la naturaleza, los animales y las propiedades ajenas, hay que ir con cuidado y tranquilos. Pero también, algunas veces, pueden pasar cosas.

viernes, 19 de abril de 2019

Garaio PR BI-41

En las estribaciones occidentales del macizo de Legarmendi/Aramotz, mirando hacia el valle de Arratia, encontramos uno de esos parajes mágicos que salpican la montaña de Bizkaia. Entre los intrincados pliegues de diversas formaciones calizas, pequeños cauces de agua han tallado durante miles de años formaciones geológicas caprichosas y espectaculares. Asiento de poblaciones prehistóricas, esta zona de belleza espectacular alberga leyendas e historias de seres formidables que no es difícil imaginar moviéndose por la zona.

El PR BI-41, cuyo trazado seguiremos con algunas excepciones, dibuja un atractivo recorrido por estos lugares, con ascensión a Garaio, su cima más significativa. Incluso podemos enriquecer el itinerario con la visita a la cueva de Balzola y el túnel de Abaro, a los que ya hemos dedicado una entrada específica. En cualquier caso, una de los senderos PR más atractivos de Bizkaia, cuya visita no nos decepcionará.

            DISTANCIA: 6,8 km.
            DESNIVEL: 310 m. (266-574)  CENTENARIO
DIFICULTAD: Media-Baja 7 (3-2-2)  Dificultad de tránsito/Zonas de peligro (atajo en la cima)
            ITINERARIO (circular)  Inicio/Final: Indusi (Dima)
            VIAS: Carretera, senderos de tierra, karst
ACCESOS: Desde Bilbao en coche, tomar la A8 dirección Donostia-San Sebastián hasta salida BI-640 (Vitoria-Gasteiz). Se toma esta dirección pasando Bedia y Lemoa hasta encontrar el desvío a la izquierda por la BI-2543 dirección Dima-Otxandio. Se toma esta desviación, pasando Dima, hasta llegar a Indusi, donde se coge otro desvío a la izquierda señalizado a la Cueva de Balzola. Bizkaibus A-3925 parada Indusi
ENLACES CON Cueva de Balzola
             TRACK: Wikiloc
Más información:
Guía Cartográfica de Bizkaia mapa 58
IGN MTN50-087 Elorrio




Inicio del camino
En cuanto llegamos al barrio de Indusi, comienza el carrusel de sensaciones que nos van a rodear durante buena parte de la excursión. Con un espacio no muy grande pero generalmente suficiente para aparcar, estamos en una especie de pequeño y bucólico valle, observados por unos cuantos soberbios caseríos que se escalonan en la ladera. Junto a un poste de señales y un mapa, cruzamos un puentecillo sobre el arroyo que da nombre al barrio y tomamos un camino asfaltado que se dirige al solitario caserío que vemos unos metros más arriba (Gibelar, Gibiltar, u otras denominaciones, que dan ganas de asomarse y preguntar a los dueños). La pequeña carretera da un rodeo, pasamos por delante del caserío y vamos ya por camino de tierra.

Camino entre montañas
Aunque acabamos de empezar, aquí está una de las muchas imágenes espectaculares del paseo: nos internamos por una estrecha garganta como hacia las profundidades de las montañas que nos rodean: Kobagan de frente (enseguida veremos una de las bocas de la cueva), Urrustei y Garaio por la derecha, y Urrekoatxa a la espalda. Cruzamos una puerta metálica y un puentecillo, y seguimos por sendero pedregoso a la orilla del arroyo Koba Erreka. Como esta parte del camino ya la comentamos en la entrada Cueva de Balzola tampoco nos detendremos demasiado en las descripciones.

Jentilzubi
Enseguida tropezamos con el arco pétreo de JENTILZUBI, horadado en tiempos remotos por el propio arroyo, y siguiendo por camino ya bastante pedregoso, llegamos a la primera curva.

VARIANTE: Si tenemos interés en conocer el interior de la cueva de Balzola, lo mejor es abandonar el camino y tomar el senderito que sale a la izquierda en el fondo de la curva. Siguiendo el trayecto indicado en la entrada antes citada apareceremos en la boca principal, reuniéndonos con la ruta tras escasos minutos por un estrecho sendero.

Ahora empezamos a subir suavemente, y tropezamos con unas señales: si nos desviamos hacia la derecha, llegaríamos en unos metros al yacimiento arqueológico de Axlor (nada llamativo a la vista) o podríamos encaramarnos encima del Jentilzubi. Pero solo acabamos de empezar y casi mejor dejarlo para la vuelta. Un poco más arriba, otro poste informativo nos indica el camino a la cueva. Sin embargo, como vamos a seguir el PR dejaremos de lado ese desvío y seguiremos por la cómoda pista, recordando de nuevo que podríamos seguir el itinerario antes citado, seguir por Abaro (que merece la pena) y reunirnos cerca del barrio de Balzola como 1 km. más adelante.

Continuamos por tanto la pista de tierra, cómoda y sin desnivel, y en cuanto veamos por la izquierda un amable prado por donde serpentea el arroyo, llegaremos al punto donde nos reunimos con el trazado procedente del túnel. Por este tranquilo camino perdemos unos metros para atravesar de nuevo el mismo arroyo, esta vez sobre un puentecillo de madera, y vamos a dar a un camino asfaltado, que indudablemente nos conduce hacia el pequeño núcleo de Baltzola. Pasamos en ligera subida entre varios caseríos y enseguida nos reunimos con la carretera BI-4549 que conecta el barrio con Dima, desde donde se podría llegar en coche. Ahora giramos a la derecha, y por la izquierda tenemos ya la hermosa ERMITA de San Lorenzo, junto con la gruta de la Virgen de Baltzola. El Garaio se levanta justo por detrás de un caserío.

Garaio


Ermita de San Lorenzo

Bosquete
La siguiente cruz de señales nos envía por la derecha, indicando 2,2 kms. hasta Garaio, aproximadamente un tercio del recorrido, aunque será lo más duro. Seguimos por una pista de piedrilla y tierra bajo arbolado, y en la siguiente BIFURCACIÓN (ojo, que aquí las señales escasean) tomamos el camino de la derecha en ligera bajada. Tras perder unos 50 metros de cota, encontramos un arroyo -podría ser el mismo del principio, no sé- junto al que crece una hermosa aliseda. Por aquí debe estar la fuente de Pagokoiturri, y el camino gira lentamente hacia la derecha (sur) y empieza a remontar de nuevo, saliendo a cielo abierto. Con vistas momentáneas hacia Errialtabaso, llegamos a un nuevo cruce junto a la txabola de Olabarria donde, con una nueva señalización, giramos a la derecha para empezar a subir por el bosque.

En el primer repecho podemos salirnos de la pista para coronar una pequeña tachuela llamada Arbisola, pero luego es conveniente volver atrás para retomar el sendero. Más que nada porque enseguida vamos a hacer algo un poco disparatado.

VARIANTE (muy recomendable): No sigan ustedes la ruta que vamos a poner a continuación. Es mejor continuar el sendero para rodear la cima y atacarla por el punto indicado en el PR, de acceso bastante fácil. Pero para el que quiera, ahí va una propuesta un poco loca.

Empieza la cresta
Si es usted tan inconsciente como para no hacer caso al consejo anterior, seguimos contando cómo abandonamos por unos minutos el mucho más razonable itinerario del PR para alcanzar la cima por el sitio más estúpido. En el momento en que desde el sendero divisamos una cresta rocosa, nos vamos para allá campo a través. El arbolado se reduce a algunos pequeños espinos, seguimos por la campa y nos metemos de lleno en la arista rocosa. Eso sí, tenemos una vista espectacular del Gorbea, y el vecino Kobegan se ve unos cuantos metros por debajo de nosotros. Pero la cosa no es sencilla: estamos en una cresta cada vez más abrupta, con hendiduras importantes a las que hay que prestar mucha atención. Ni se nos ocurra con lluvia
Para arriba
o niebla. La cosa no presentaría mayor problema si no nos condujese a una especie de promontorio… desde el que vemos la auténtica cima a unos 100 metros de distancia y unos cuantos más arriba, al final de una arista quebradiza con bastante patio. Estamos a tiempo de dar la vuelta.


Último tramo

En caso contrario, disfrutamos de una soberbia vista de Leungane y la sierra de Legarmendi, y seguimos adelante. Hay que ir subiendo por la misma arista entre grandes calizas con sus correspondientes grietas, matorral duro por todas partes, arbolillos enanos, la mayor parte espinos y una pendiente bastante escalofriante por la izquierda. La cosa es ir muy poquito a poco, con mucha paciencia y extremando las precauciones, buscando siempre el paso más sencillo (o menos complicado), y quizá mejor escorándonos hacia vertiente norte (derecha). Y bueno, si usted ha llegado con todos los huesos en su sitio y ganas de ver paisaje, pues ya está en la cima (GARAIO, 574 m.), con los ilustres vecinos bien visibles: Itxina y Gorbea, Errialtabaso, Urrekoatxa…

Cima, con vistas a Legarmendi

Bajando por el karst
Desde la cima hay que continuar la misma dirección (oeste), siguiendo alguna marca y varios hitos, y bajando con buena pendiente por todo el karst con las precauciones habituales. Cruzamos una pequeña pedrera y nos dirigimos resueltamente hacia un pinar. Lo atravesamos, siempre con fuerte desnivel, y vamos a dar a la pista inicial, cerca del acceso
Por el pinar, hacia el camino
a la cueva.
 Tomándola a la izquierda, deshacemos el camino de subida, aunque no tengo muy claro si el PR toma el desvío por Axlor y Jentilzubi en vez del camino principal.  

sábado, 24 de febrero de 2018

Atxulaur

En el sur del territorio de Bizkaia, escoltado por las grandes moles de Oderiaga y Gorbea, se encuentra el macizo kárstico de Itxina, biotopo protegido que asemeja a una meseta elevada sobre grandes murallas rocosas. Es uno de los espacios naturales más espectaculares de la montaña vasca, y sólo la contemplación de sus fantásticos paredones exteriores ya resulta impresionante.

En la siguiente excursión solamente nos asomaremos al interior de este mágico paisaje, penetrando por una puerta natural, utilizada durante siglos por pastores, leñadores o carboneros: el Ojo de Atxulaur, por el que, a decir de las leyendas, transitaron además ladrones, brujas y todo tipo de seres fantásticos. La aproximación desde el barrio de Urigoiti (Orozko) permite contemplar la fortaleza de Itxina durante todo el trayecto, hasta penetrar en su interior.  

            DISTANCIA:  9,20 km.
DESNIVEL: 665 m. (450-1117)
DIFICULTAD: Media 10 (6-3-1) Rampas del 30%
            ITINERARIO (ida y vuelta)  Inicio y final: Urigoiti (Orozko)
            VIAS: Pista de cemento y tierra, senderos, karst
ACCESOS: Desde Bilbao en coche, autopista A68 dirección Vitoria-Gasteiz salida Llodio-Orozko. Se toma la BI-3513 en dirección Artea-Areatza y, llegados a Ibarra, desvío derecha hacia Urigoiti. (El Bizkaibus A-3613 nos deja en Ibarra, con lo que todavía faltan más de 3,5 kms. por carretera, o 2,5 por sendero hasta Urigoiti).
TRACK:
Más información:
Guía Cartográfica de Bizkaia mapas 57-63
IGN MTN50-087




Vamos a admitir que esto de empezar la ruta a Atxulaur desde Urigoiti es una rareza: casi todos los itinerarios que encontramos en internet parten de Pagomakurre, lo que supone ahorrarse casi 400 metros de desnivel y un buen trecho de distancia. Así que avisados quedáis. A cambio, la alternativa que presentamos permite, entre otras cosas, conocer este montaraz barrio de Orozko. Realmente, una de las muchas gratificaciones que proporciona hacer ibilkat –ninguna económica- es conocer estos pequeños núcleos que se desparraman por las laderas de nuestros montes, lugares tranquilos, con vistas bellísimas y extraordinarios caseríos de todos los formatos. Sólo por eso merece la pena acometer estas excursiones. Pero, ya que estamos aquí, vamos a patear un poco.

Itxina, desde el principio
Unos metros más arriba del barrio encontramos un pequeño aparcamiento, con un cartel advirtiendo sobre la avispa asiática, pero ni por esas vamos a echarnos atrás (bueno, siempre que no nos ataque ninguna). Nada más empezar a andar, el camino se bifurca, y hay que tomar la pista de piedrilla de la izquierda (puede que por la derecha también se pueda ir), pasando junto a una especie de txabola con el rótulo Bidatxe, o algo asi. La pista tiene tramos de cemento, una pendiente a veces moderada y su único aliciente son las vistas que tenemos a ratos. La primera es la de las paredes de Itxina, que se yerguen, blancas e inexpugnables, por la derecha. A la espalda se va abriendo la perspectiva sobre los montes de Arno, donde enseguida se distingue el menhir de Kurtzegan y la cima del Kolometa. Por lo demás, el tramo resulta aburrido y algo duro. Se describe una amplia curva hacia el norte, y la panorámica por detrás se va abriendo hacia el valle del Nervión, Untzueta, Ganeko, o el cercano Garaigorta.

Vista atrás: Oderiaga y compañía
Pasamos un poste con señales del PR BI-33, ruta por los barrios de Orozko, y nos vamos poco a poco acercando a la muralla de Itxina. Aunque el camino no resulta demasiado atractivo, se compensa con la perspectiva, cada vez más cercana, de las paredes rocosas, aunque todavía no podemos contemplar bien las atxas. Cruzamos un vallado abierto con una aparatosa escalera lateral y, cuando llevamos unos 20 minutos de camino, un cartelito anuncia que falta una hora hasta Atxulaur –aunque será un poco menos.

Las Atxas
Ahora vamos a campo abierto con algunos espinos y rocas que afloran, un paisaje clásico de las zonas kársticas. Muchos metros más abajo podemos distinguir el área recreativa de Larreder, en la pista que lleva a Pagomakurre. Con un corto y duro repecho sobre cemento, la pista finaliza y entramos en un amplio pasto con algunos caballos. A falta de camino, aquí podemos seguir la rodada de coches, que conduce, sin dejar nunca de subir, hacia el lateral de un vallado. Seguimos en paralelo al cierre y ahora sí, las atxas son bien visibles, impresionantes, levantándose hasta casi los 1.000 metros, unos 300 por encima de donde nos encontramos.

Viejas hayas
Terminada la alambrada, recuperamos una senda estrecha y serpenteante, con un desnivel bastante más suave, y entramos en un hayedo. Aunque no tengo ni idea de hayas, estas que vemos no son las esplendorosas que podemos ver en Otzarreta o en Upo, trasmochas y con troncos enhiestos y firmes. Estas hayas parecen antiquísimas, sus ramas crecen en desorden y tienen enormes troncos, chatos y nudosos, vencidas muchas veces por el tiempo, tronchadas por la mitad, pero conservando vida en cualquier rincón. Y tampoco tienen el monopolio, sino que conviven con otros arbolitos de hoja caduca. El camino se ha vuelto más amable y mucho más bonito, una entretenida trocha a los pies mismos de la muralla de Itxina, y hemos dejado por la izquierda el camino que viene desde Pagomakurre, con un cartel tirado.

El Ojo, desde abajo

Último tramo
Pero ahora falta llegar al Ojo, que se encuentra cerca de una mancha de arbolado que se encarama hacia lo alto de la cresta, una ventanita que enseguida podemos distinguir.  Vemos un terraplén que sube recto hacia nuestro objetivo, pero lo dejamos para la vuelta, pasamos de largo la vertical del Ojo para describir una curva y acometer la subida por el flanco. Hay que llegar hasta un cairn en medio del camino y allí torcer a la derecha, para acometer la subida por un muy bonito y cómodo caminillo que va ladeando y ganando metros sin esfuerzo.

Ya sólo queda remontar la parte final por un senderito frontal y zigzagueante, y enseguida estamos en el OJO DE ATXULAUR, en cosa de 1:20 desde el inicio. El lugar es, desde fuera, una enorme puerta que invita al paseante a penetrar en Itxina, macizo emblemático de la montaña vasca y, como aquel, repleto de leyendas mágicas. Parece ser que el Ojo estaba custodiado por un toro de fuego o zezengorri, que era en realidad el alma en pena de un ladrón que guardaba allí sus botines. La puerta, una vez traspasada, pasa a ser, vista desde dentro, una espectacular ventana que nos ofrece una panorámica excepcional hacia el norte y Este, incluido naturalmente el Anboto.

Una vez alcanzado el objetivo, un sendero nos lleva a un cruce señalizado desde el que podemos explorar el atrayente entorno kárstico que tenemos a la vista, salpicado de pequeñas hoyas, calizas repartidas de forma caótica y mil
Por la cresta
recovecos que hacen de Itxina un laberinto delicioso, aunque nada recomendable con meteorología adversa. Pero como más adelante espero dedicarle una entrada específica, ahora nos dedicamos a otra cosa.

Por ejemplo, ya que estamos, una cosa sencilla que podemos hacer es encaramarnos a la cima que tenemos justo encima del arco. Aunque hay un camino más corto (y fácil), ya que estamos en el cruce lo que hacemos es girar a la derecha para ganar –poco a poco y con cuidado, como siempre en este tipo de lugares- la cresta rocosa que se extiende desde la muralla hacia dentro. Según ascendemos vamos retrocediendo
Atxulaur Haitza
hacia el Ojo, pero ahora por la parte alta, paralelos al sendero, guiados por un par de hitos. Así cresteando sobre roca relativamente sólida y sin hendiduras peligrosas en esta zona, encontramos el minúsculo buzón de ATXULAUR HAITZA o Atxulogana (1.117 m.), que está justo encima y a un lado de la puerta. Las vistas son por tanto las mismas, pero incluso más espectaculares.

Anboto al fondo
VARIANTE: Desde este punto cabe prolongar (y complicar bastante) la excursión en dirección oeste, continuando por la cresta hacia las cimas más sobresalientes de Urtutxe (como 1 km. por terreno abrupto) y el vertiginoso Axkorrigan, aunque ya estamos hablando de una ruta mucho más exigente que sobrepasa el alcance de nuestra pequeña excursión.

Urigoiti
Para la vuelta, como casi siempre, introducimos un par de pequeños cambios en la ruta. Primero, para bajar de nuevo hasta el Ojo, en vez de seguir la ruta anterior, tras retroceder unos metros desde la cima encontramos por la izquierda una sendita muy marcada que zigzaguea por la pendiente y nos conduce en un pispas hasta el arco rocoso. Desde ahí, optamos también por ignorar el sendero por el que llegamos y tiramos por la bajada directa, un poco a tumba abierta y con fuerte pendiente, por la que atajamos unos metros. Las dos posibilidades están en el track, así que cada uno elige lo que le apetezca para subir o bajar.  

domingo, 14 de junio de 2015

Peña Ranero

En el límite occidental de Bizkaia, el río Karrantza surca un profundo desfiladero en su camino hacia Cantabria. Al norte de la garganta se eleva un conjunto kárstico que alberga en sus entrañas joyas geológicas como la cueva de Pozalagua o la Torca del Carlista, una de las simas más grandes del mundo, cuya boca asoma tímidamente en las proximidades de la cima de Peña Ranero o Picón del Carlista, máxima elevación del macizo.

Desde el mismo acceso a Pozalagua iniciamos una ruta de longitud muy limitada y desnivel modesto, pero que progresa por la atormentada silueta de estas laderas cubiertas por las calizas, una extensión que pronto se presenta desértica y caótica, sembrada de hendiduras, lapiaces y tabiques tallados por el agua. Un paisaje sobrecogedor cuya belleza compensa la relativa dificultad del itinerario.

                DISTANCIA: 2 km.   
            DESNIVEL: 230 m.  (490-721)  CENTENARIO
DIFICULTAD: Baja  5 (2-0-3) Dificultad de tránsito / Zonas de peligro / Rampas del 30%
ITINERARIO (ida y vuelta) Inicio y final: Parking cueva de Pozalagua (Karrantza)
            VIAS: Sendero, karst
          ACCESOS: De Bilbao a Karranza autopista dirección Santander hasta salida Ampuero-Limpias. Se sigue N-629 en dirección Ramales y poco antes de llegar se toma a la izquierda la CA-150 en dirección Karranza. Se sigue la carretera hasta encontrar el desvío a la izquierda hacia Pozalagua. Se sube, pasando por Ranero, hasta el parking junto a la entrada a la cueva. También autopista dirección Balmaseda hasta Sodupe. En Gueñes, BI-3602 hasta Traslaviña y después BI-630 hasta Ambasaguas (Karranza), hasta el desvío citado. Bizkaibus A-0652 Balmaseda-Lanestosa (parada Karranza Ambasaguas) FEVE Bilbao-Santander parada Karranza (en estos dos casos, unos 3 kms. hasta Pozalagua)
TRACK: Wikiloc
Más información:
Guía cartográfica de Bizkaia mapa 20



           
En fechas recientes la cueva de Pozalagua ha cobrado un importante protagonismo turístico. Y, aunque tengo que confesar que siempre me han encantado las cuevas, ésta es realmente una maravilla. Se descubrió accidentalmente en 1.957 y posee una impresionante muestra de estalactitas excéntricas (o sea, que no caen en vertical), que es una rareza a la que aún no se ha encontrado explicación definitiva. Pero bueno, como sobre el particular hay muchísima información, lo dejamos aquí con unos enlaces a la web del Ayuntamiento de Karrantza, ésta de la Asociación de Cuevas Turísticas, y este estupendo blog, donde también se comentan otras muchas cosas que ver en el valle de Karrantza.

Peñas de Ranero desde el parking
En el mismo aparcamiento (bien grande, por cierto) que se encuentra junto a la entrada de la cueva se inicia nuestro camino: por la izquierda del edificio encontramos un poste de señales que indica hacia Ranero siguiendo el GR 123 (Vuelta a Bizkaia), en ‘sólo’ 1,1 km. Hoy veremos cómo en efecto las distancias por sí solas a veces dicen más bien poco. De inmediato, un senderito empieza a trepar entre rocas y algo de hierba. Aquí no hay término medio: podríamos decir que con el primer paso fuera del asfalto, casi hay que empezar a utilizar las manos.

Por esta serpenteante sendita vamos ganando metros con decisión, reconfortados por la muy oportuna y reiterada presencia de las marcas rojiblancas, que nos van señalando el camino sin género de dudas. El trazado podría seguirse con alguna lógica, rodeando el vallado de la cantera siempre hacia el norte, pero la profusión de marcas nos lo facilita de forma decisiva.

VARIANTE: Hay una ruta alternativa, abandonando el sendero por la izquierda para trazar una diagonal hasta el punto que indicamos después, cerca del cresterío. Según nos cuentan, este itinerario resulta bastante complicado, con fuerte pendiente, sin camino y por terreno tortuoso donde es fácil perder el rumbo. Así que es posible que, de no conocer bien la zona, no resulte muy recomendable intentarlo.

Auditorio junto a la cueva
Pasamos una puerta, y vamos ya alcanzando la parte superior de la cantera, gracias a la cual parece que fueron descubiertas las cuevas; ahí se ha construido un anfiteatro-auditorio cuya actividad no parece que sea muy intensa, dado el lugar en que se encuentra. Tras las bancadas de asientos se levantan unos misteriosos y altísimos muros que parecen de mármol (no lo son), muy vistosos pero con un aspecto algo inquietante. Abajo va quedando el aparcamiento, y se abren grandes perspectivas sobre el valle de Karranza, con los montes de Ordunte al fondo. La ascensión es relativamente exigente, pero también resulta entretenida, porque además por la izquierda tenemos a la vista nuestro objetivo desde el primer momento.

Nos vamos aproximando a una especie de alineamiento, y uno de los sucesivos espinos que nos vamos encontrando, más robusto y mejor dotado que los demás, nos oculta por completo el camino. Para continuar, prácticamente no hay otra que atravesarlo, con lo que nos quizá nos deje un recuerdito. Pero es una buena señal, porque justo después pasamos un vallado abierto, y es ya la señal de que nos aproximamos, por una especie de pasillo herboso, al portillo de Valseca.
 
Vista al mar desde el Portillo de Valseca

En efecto, nos espera otra cruz de señales y de inmediato llegamos a este portillo, un fantástico mirador que nos pone enfrente de la mismísima marisma de Santoña y la ría de Treto, con el Candiano separandolas del valle de Limpias y Ampuero. El Buciero se recorta al fondo, y las casas de Laredo y Colindres asoman por la derecha. Todo ello enmarcado por los blancos roquedos calcáreos a ambos lados. Según las flechas, el GR continúa de frente, mientras se indica hacia Ranero a 500 metros por la izquierda.

Hemos recorrido más o menos la mitad de la distancia, y lo hemos hecho siempre por sendero bien marcado. Ahora eso se acabó y hay que tirar de intuición y bastante paciencia. Lo primero será tomar el rumbo bueno. Para ello retrocedemos unos metros desde Valseca, hasta la antepenúltima marca rojiblanca, y por la derecha (según bajamos) encontramos sobre una roca un aspa rojiblanca (dirección incorrecta del GR), una marca blanca y amarilla de un PR (no sabemos cuál) y unas letras medio borradas.

Paso por el lapiaz
A partir de aquí hay que seguir en dirección SW faldeando bajo el cordal, mientras nos vamos internando cada vez más en el lapiaz. De tanto en tanto aparece algún rastro de sendero que conviene aprovechar, y lo demás es progresar con cuidado buscando los pasos más limpios.

No obstante, las cosas se irán complicando progresivamente. El objetivo es continuar en esta dirección, procurando ganar altura para, en el momento que veamos más favorable, girar a la derecha para situarnos entre las dos elevaciones que tenemos al lado, la más próxima de las cuales es la nuestra. El karst es cada vez más escarpado: grandes rocas, a veces con formas caprichosas o con perfiles cortantes, profundas acanaladuras, pequeñas manchas de hierba que muchas veces esconden agujeros, piedras sueltas… Por aquí se nos une el trazado que indicábamos en la variante, que alcanza nuestra cota más o menos bajo la cima más lejana.

El paisaje es desolado, brutal, pero también cada vez más bonito, destacando la poderosa silueta del pico San Vicente hacia el Oeste.

Vista al Oeste
VARIANTE: Por la izquierda se puede continuar por el roquedo hacia la tremenda garganta del río Karranza, hasta el llamado Salto del Pollo y el mirador de Mirón, justo encima de los espeluznantes cortados. Serán unos 500 metros, pero enteritos por el lapiaz, así que requerirán esfuerzo y mucho ojo.

En algún punto próximo a donde nos encontramos –aunque no sabría decir dónde- se encuentra la boca de acceso a la Torca del Carlista, la mayor sala de Europa y una de las mayores del mundo. Sobre ella nos informa este enlace, entre otros muchos que se encuentran en la red, y el video que viene aquí abajo. Resulta chocante pensar que bajo el suelo que pisamos se encuentren cosas así de monstruosas, o la muy cercana cueva de Pozalagua, de la que hemos hablado antes. 


Como digo, hay que ir buscando el lugar más adecuado para girar a la derecha, ganar el cordal y progresar desde allí hacia la cima. De forma que lo que refleja el track es sólo una opción y no necesariamente la mejor. Sobre la marcha debemos ir viendo por dónde seguiremos de forma más segura,
Últimos metros
accesible o adecuada a nuestra capacidad. En todo caso, para quienes no estén acostumbrados a semejante tipo de terreno, hay que reiterar que ante todo hay que andarse con mucho cuidado, la ruta es corta y por tanto no debemos ir con prisa. En las zonas más abruptas hay que asegurar cada paso, porque un tropezón o un despiste puede dar con nuestro tobillo en una hendidura o la mano apoyando donde nunca debió hacerlo.

En principio, lo más lógico parece seguir la arista, que por cierto marca la divisoria entre Cantabria y Euskadi; pero en mi opinión es más recomendable bajar un poco a la espalda de la cumbre (NW), hacia una pequeña y redondeada dolina verdosa, para ir luego remontando metros, siempre extremando las precauciones extremas, sobre todo donde la hierba está alta y tapa posibles oquedades.

Atravesamos una pequeña pedriza (al norte, donde el hielo revienta las placas), y por fin alcanzamos la cumbre (PEÑA RANERO o Picón del Carlista, 721 metros), coronada por un pirulo que parece ser el testigo de una Korrika, ligeramente inclinado. Como indicábamos antes, las vistas son extraordinarias divisándose, entre otros relieves importantes, la Peña del Mazo, al otro lado del desfiladero citado, el soberbio Pico San Vicente y Valnera cerrando el horizonte hacia el Oeste. Los montes de Ordunte se perfilan en su totalidad hacia el sur, mientras por el norte contemplamos el mar y Armañón destaca hacia el Este. Toda una maravilla que se completa con la hipnótica devastación que nos rodea, mientras el parking del que hemos partido parece encontrarse justo debajo de nuestros pies, a 250 metros en vertical.

Cima de Ranero

Karrantza y montes de Ordunte





Pico San Vicente y Ramales





Para el camino de vuelta podemos naturalmente regresar por donde hemos subido, pero en el track hemos introducido algún pequeño cambio. La cosa consiste en continuar un trecho por el cordal para descender la ladera oriental por una pequeña chimenea que obliga a un destrepe que no es difícil pero sí exige andarse con tiento. Servidor lo hizo, así que puede el lector suponerse que resulta bastante asequible.

De esta forma, recuperamos el confuso senderito entre rocas para volver a las cercanías del Portillo de Valseca y, a partir de ahí, seguir sin problema las marcas. También hemos dejado otra posible variante, ya en la parte baja, aproximándonos al vallado de la cantera, pero la verdad es que tampoco aporta nada a la ruta, así que podemos obviarla.

La excursión está calificada como ‘difícil’ en el libro 'Parajes secretos del País Vasco' que comentamos hace poco, lo cual, teniendo en cuenta el nivel de sus itinerarios, quizá resulta algo exagerado. Como se ve, es un recorrido muy corto, pero ciertamente también muy accidentado, que requiere bastante paciencia y sobre todo andarse con mucho pero que mucho cuidado, porque atravesar terrenos tan tortuosos nos puede costar un incidente desagradable.

Si lo hacemos así, conocer este tipo de lugares es una experiencia que sin duda recompensa.