miércoles, 4 de marzo de 2015

Artaungan

El macizo de Legarmendi, también conocido como Aramotz, se encuentra en la parte central del territorio de Bizkaia y constituye, junto con Itxina, su complejo kárstico más importante. Las formas tortuosas propias de este tipo de alineaciones culminan en las cimas de Leungane y Mugarra, extendiéndose de NW a SE en multitud de crestas pedregosas que dominan los valles circundantes.

Desde la vertiente dimoztarra los dos accesos más habituales son los muy montañeros núcleos de Oba y Artaun. Iniciamos la marcha en este último para internarnos en la formación caliza y alcanzar la más importante de sus cumbres occidentales, Artaungan, donde disfrutamos de excepcionales vistas, tras un recorrido entretenido y sin complicaciones.

               DISTANCIA: 7,1 km.  
            DESNIVEL: 550 m.  (354-905)  CENTENARIO
DIFICULTAD: Media  9 (5-2-2) Dificultad de tránsito / Desnivel continuado
ITINERARIO: lineal  Inicio y final: Artaun (Dima)
VIAS: Pistas de cemento y tierra, campo a través y lapiaz
ACCESOS: Desde Bilbao en coche, A-8 dirección Donostia-San Sebastián hasta salida hospital de Galdakano. Se toma la N-240 dirección Vitoria-Gasteiz hasta, pasado Igorre, tomar el desvío por la BI-2543, que se sigue hasta Dima. Aquí, tomar dirección Artaun, por la BI-4546. Bizkaibus A-3925 (Bilbao-Ubide) hasta Dima, y de ahí unos 3 kms. a pie hasta Artaun.
TRACK: Wikiloc
Más información:
Guía Cartográfica de Bizkaia mapa 53
  

    
       

La cima, desde Artaun
El barrio de Artaun tiene algo diferente que le distingue de otros núcleos montaraces, quizá sea que, al situarse en una ladera más o menos tendida, disfruta de mayor amplitud, lo que le da un aspecto apacible y relajado. Aquí encontramos zonas verdes entre caseríos, la ermita de San Valentín, varias leñeras, y un par de buenos restaurantes, como recordaremos al final.

Pero primero hay que ganárselo. Aunque ya desde el mismo Dima podemos divisar nuestro objetivo del día, ahora lo vemos con toda claridad: mirando hacia el Este, tenemos dos cimas rocosas de aspecto parecido, la nuestra es la más alejada, aparentemente menos áspera, y desprovista de arbolado. Hacia allí vamos.

Subida por el pìnar
Tomamos el camino que sube, con la ermita y un restaurante por la izquierda, y de inmediato descendemos para pasar entre linderos de varias huertas. Salimos a un ancho sendero con mucha piedra que tomamos hacia la derecha, cruzamos un paso canadiense y entramos en una pista de cemento.

Vamos trazando varias curvas mientras ganamos altura con fuerza, la pendiente es moderada (entre el 15 y el 20%) pero continua, y empezamos a tener algunas vistas prometedoras, que luego se confirmarán. En poco más de 1 km. casi siempre bajo pinares encontramos el cruce de ATXABARRENA, con un poste de señales que ignoramos para seguir adelante. La rampa puede hacerse dura porque no hay descanso, así que nos lo tomamos con calma.

Majada de Basabil y refugio
Tras ganar unos 250 m. en 1,5 kms. de trayecto, salimos a terreno despejado, un colladito donde se encuentra la majada de BASABIL y el refugio Markue. Hasta aquí llega el cemento, y en adelante seguiremos un trecho por pista de piedrilla. Hacia el norte (izquierda) van apareciendo algunas crestas calizas, con cuya tipología deberíamos irnos familiarizando, porque enseguida nos encontraremos en otras similares.

Otro tramo de unos 500 metros bajo arbolado nos conduce hacia una nueva encrucijada, junto al depósito de aguas-abrevadero de IKUZKIETA (Zapaleku, según la cada vez más dudosa Cartografía), con otra cruz de señales. Aquí se separan las dos vías posibles que podemos tomar, y utilizaremos las dos: subiremos por la izquierda (creo que la flecha indica Mugarrikolanda) y volveremos por la pista.

De forma que, dejando el depósito a la derecha, tomamos un sendero muy pedregoso que sube como queriendo ganar el cordal, que ya está más o menos a la vista. El repecho se hace incómodo y gana altura con fuerza, trazando un par de curvas. Después se vuelve herboso y menos pendiente, y por la izquierda aparece la espectacular y muy blanca cima caliza de Pagofin.

Cerca del Pagofin
VARIANTE: Si queremos añadir otra muesca a nuestra colección, tirando por la izquierda, sin apenas traza de camino, en unos 10 minutos ganamos esta cumbre del Pagofin, que no presenta más dificultad que el tránsito por el lapiaz, bastante abrupto y con roca muy fraccionada, donde siempre hay que andarse con especial cuidado, sobre todo cuando la roca se encuentra húmeda.

Sin llegar a culminar la cresta, podemos ir girando hacia la derecha (sur), ladeando sin camino, por terreno bastante pendiente y salpicado de rocas. Vamos así ganando altura poco a poco a partir de los 800 metros, con una excelente panorámica sobre Gorbea e Itxina,
Llegando a la cima
 que se va extendiendo cada vez más, primero hacia el valle de Arratia, y pronto también hacia el Cantábrico.  

El repecho se hace relativamente duro, pero el terreno cada vez más accidentado nos anuncia la proximidad de nuestra cima, un desnudo promontorio que pronto tenemos de frente, tras un pequeño grupo de espinos que encuentran su hábitat natural en estas atormentadas superficies.

De esta forma, buscando la ruta más practicable entre rocas y algo de verde, vamos progresando para empezar a trepar hacia la cima. Con las precauciones adecuadas para evitar una torcedura o un desagradable mamporro en la garma (ojo también a los espinos, que a veces dejan su recuerdo), ascendemos la atalaya ayudándonos a veces de las manos, para alcanzar finalmente el buzón (ARTAUNGAN, 905 m.), en cosa hora y cuarto desde el inicio.

Buzón con vista hacia el mar

Leungane y Mugarra
Como estamos en primera línea de la cordillera mirando hacia el oeste, las perspectivas son fantásticas, mejorando lo ya visto durante la ascensión: vemos por ejemplo los montes de Ordunte a la derecha del Gorbea, el magnífico perfil del Ganeko, la muralla de Sierra Sálvada, el omnipresente Untzueta con su silueta que se diría artificial… Bastante cerca tenemos el perfil alomado de Obako Atxa, y poco después tendremos además una visión impactante del cercano Leungane y el soberbio Mugarra. Hacia el norte encontramos algunas de las cumbres vecinas, donde destacan Akatzazargana y Urtemondo.

Bajada hacia la pista, con Gorbea al fondo
En vez de volver por el mismo camino, nos fijamos en la pista que discurre a nuestros pies, separándonos del cercano Asuntza, y hacia allá nos vamos ladera abajo, de nuevo campo a través. La pala es realmente más larga y pendiente de lo que parece, y se ve además salpicada de roca muy fragmentada que hay que ir sorteando. Pero el descenso se hace sin problemas, pudiendo dibujarse amplios zigzags sin perder nunca de vista el camino hacia el que nos dirigimos.  Perdemos así unos 100 metros, dejando a la espalda el airoso peñasco que acabamos de coronar.

Tomamos ahora la pista hacia la derecha, faldeando el citado Asuntza. Con mucha comodidad, encontramos una amplia curva que puede cortarse fácilmente, y nos
Hacia Torrondieta (izquierda)
encaminamos de nuevo hacia el pinar. Por la izquierda destaca la pequeña cumbre de Torrondieta, que también podemos acercarnos a conocer sin problema (otros 10 minutos, sin camino y con buenas vistas sobre el valle de Dima), y desembocamos finalmente junto al depósito de aguas anterior (IKUZKIETA), desde donde ya deshacemos el camino hasta nuestro punto de inicio en Artaun.


Como señalaba al principio, este pequeño barrio es un lugar ideal para terminar la mañanera en plan muy relajado, bien dando cuenta del bocata o decidiéndonos por alguno de los restaurantes que nos recompensarán el esfuerzo, con mayor o menor menoscabo de nuestros bolsillos, según el caso.

Y aprovecho para agradecer una vez más la generosidad del montañero y bloguero Josu Romarate, que nos recibió de la forma más amable cuando empezamos esta historia de ibilkat. En esta ocasión tomamos como referencia una de sus expediciones, aunque al final hicimos algunos cambios sobre la marcha y, como hace bastante que no sabemos nada de él, todo esto nos sirve de excusa para dedicarle un saludito.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Armintza-Bakio

El tramo de costa entre el marinero pueblo de Armintza y la localidad playera de Bakio es quizá el más solitario y agreste de la parte oriental del litoral vizcaino. Sucesivas elevaciones se desprenden hacia el mar formando promontorios y pequeñas radas, y densos bosques ocupan casi toda la línea marítima, abrupta y difícilmente accesible. A medio camino, la vieja central nuclear de Lemoniz apenas recuerda ya polémicas y confrontaciones, pero sigue ocupando una enorme extensión que debiera ser recuperada.

Hacemos este cómodo recorrido combinando carretera y senderos, procurando siempre circular lo más cerca posible de los rompientes, enlazando así estos dos puntos de la costa vasca, tan diferentes, cada uno con sus atractivos. 

                DISTANCIA: 13,6 km.  
            DESNIVEL: 290 m.  (0-292) 
DIFICULTAD: Media-Baja  8 (2-5-1) Dificultad de orientación (último tramo)
ITINERARIO: lineal  Inicio: Puerto de Armintza  Final: Playa de Bakio
           VIAS: Carretera, senderos y pistas de tierra
            ACCESOS: Ida: Desde Bilbao, Metro parada Areeta y Bizkaibus A-3451 hasta Armintza (final). En coche, autopista dirección Mungia. Se toma después la BI-2120 dirección Plentzia hasta Andraka y aquí BI-2153 dirección Lemoiz/Armintza. También por Getxo y Plentzia, siguiendo después hacia Gorliz y Andraka. Vuelta: BI-2101 hasta Mungia y autopista a Bilbao. Bizkaibus A-3518
ENLACES CON Ermua, BurgoaGaztelugatxe
TRACK: Wikiloc
Más información:
Guía Cartográfica de Bizkaia mapa 4
  


           
Como ya hemos iniciado varias excursiones desde el pintoresco puerto de Armintza (Ermua, Urizarmendi), no insistiremos sobre lo agradable y acogedor de esta localidad marinera. Que luego dicen que tenemos subvenciones municipales, y no.

Dejamos atrás Armintza
Nos situamos en la carretera BI-3152 que recorre a lo largo el pueblo y enfilamos al Este en dirección a Bakio. Dejamos por la izquierda una bonita ensenada y abandonamos ya el núcleo urbano, para empezar a subir suavemente. Por la derecha queda un pabellón industrial relacionado con un proyecto de parque eólico marino, que desconocemos si seguirá con vida. Bueno, y como curiosidad, apuntar que más o menos enfrente del acceso al barrio de Zubitxu (o sea, internándonos por el eucaliptal que tenemos por la izquierda) encontramos en su día el primer 'misterio sin resolver' que trajimos al blog. Y que, por cierto, sigue sin resolverse.

Pero está visto que estamos perdiendo un poco el hilo.

La nuclear y otras sorpresas

Caseríos en Gorteta
A nuestra espalda, según vamos ganando algunos metros, van apareciendo algunas pequeñas elevaciones hacia el oeste y sur, Ermua, Etxandarri y Urizarmendi. Tras un par de curvas, ya se atisban algunas instalaciones relacionadas con la nuclear de Basordas (Lemoniz): líneas eléctricas, zonas de descampado y un pabellón por la derecha, que parece estar en uso. Por la izquierda hay un par de caseríos en la zona denominada Gorteta y enseguida encontramos por la derecha el primer DESVIO-1 para huir de la carretera.

Hay una especie de explanada de cemento y una puerta que atravesaremos, mientras por la derecha se divisan claramente Jata con su cordalito y Burgoa al fondo; por la izquierda, tras amplias extensiones de
La nuclear
plumeros, tenemos la única visión de la central de que dispondremos, relativamente lejana. La historia de la nuclear creo que es bastante conocida como para contar más, pero merece la pena echar un ojo a este interesante y muy curioso artículo
, que nos cuenta cómo era el paraje antes de la monstruosa instalación. Después de décadas, ahí sigue el mamotreto, esperando que alguien aporte una solución lógica a semejante aberración.

El camino se interna por el monte, bastante limpio, bajo la sombra de altísimos eucaliptos, pero produce una sensación de desolación. Es como si fuera una zona minera abandonada, con pistas en desuso, torretas eléctricas y finalmente un tétrico vallado, que sin duda debía ser el límite exterior del recinto de la nuclear. Conociendo un poco la historia, se puede uno imaginar a policías y guardas haciendo la ronda por la zona, rodeados por la espesura.

Por la selvita
Llegados a una BIFURCACION, dejamos por la derecha el arroyuelo Momategi y giramos a la izquierda. El sendero se va cerrando cada vez más (quizá deberíamos poner lo de ‘dificultad de tránsito’) y hay que hacer un poco de zarzing, que siempre es sano, salvo que empecemos a encontrarnos arañas, que eso es otro cantar. Con una muy leve traza de sendero y el sonido que nos llega de la cecana carretera, alcanzamos un claro y de inmediato unos bloques de hormigón, quizá la base de alguna torreta que no llegó a levantarse. De ahí sin más incidencia, al asfalto.

Nos encontramos en el fondo de una pronunciada curva, donde hay que estar atentos para volver a dejar la carretera apenas unos metros más adelante (DESVIO-2). Aquí se inicia otro camino hacia el interior, que progresa por una especie de estrada, ancha y cómoda, que discurre entre un agradable arbolado de caducifolias (vamos, que no sé la especie).

Remontando unos metros aparecen unos caseríos (IKATZA) y hacia ellos nos dirigimos torciendo hacia la izquierda. Son tres o cuatro severos edificios de piedra con una pequeña ermita, un lugar con un punto inquietante (cuando anduvimos por allí, completamente desierto) pero también atractivo, que nos suscita una de esas dudas de nomenclatura que tanto nos gustan: según la Cartografía de Bizkaia, éste sería el barrio de Saraketxo, pero me inclino más por el nombre de Ikatza que aparece en algún cartel y en el Sigpac. Por cierto, ya que estamos, por el camino que hemos dejado por la derecha se llega al núcleo rural de Txatxaminta. La gracia está en que hay una pintura que pertenece al Museo de Bellas Artes que hace referencia a esta aldea, y la firma Dani Tamayo, que en tiempos fue mi profe de dibujo. Pero nos hemos vuelto a enrollar, vaya día.
 
Caserío en Ikatza

Ikatza parece ser precisamente el último de los caseríos, espléndido, que observamos por la izquierda según bajamos por un camino flanqueado por bolardos de piedra, que le dan un aspecto aristocrático. Tras otra puerta, volvemos de nuevo al asfalto. Seguimos la BI-3151 hacia la derecha, siempre en dirección a levante. Describimos una nueva curva, pasando por encima de la cola del embalse de Urbieta, con una bonita
Embalse de Urbieta
vista a ambos lados sobre la lámina de agua. Las gaviotas se ponen ciegas en la zona más próxima al mar mientras, fieles a sus costumbres, generan un tremendo escándalo.






Mucha carretera, poca diversión

Vamos ahora por la orilla contraria remontando suavemente, siempre por la carretera. Hay que señalar que esta vía es muy poco frecuentada, pero ojo, porque sobre todo los fines de semana es lugar muy apetecido para el curveo de moteros que sueltan gas que es un gusto, y hay que andarse con cuidado. Y por si a alguien le interesa (que supongo que no), este recorte nos habla de la inauguración de este tramo, hace cosa de cuarentaytantos años.

VARIANTE: En unos 200 metros tras el cruce del embalse un senderito sale por la izquierda e internándose en el bosque, remonta la pequeña colina de Basobaltza y ataja claramente la siguiente curva, antes de volver de nuevo a la carretera. Nos cuentan que también hay por esa zona algunos viejos túneles. Como no seguimos esta opción, la dejamos apuntada por si alguien decide investigar.

Mucha carretera
Hay que reconocer que el tránsito por carretera, que serán en total unos 5 kms., se hace largo y aburrido, y hay que buscar alicientes. Aproximandonos a las últimas estribaciones de Jata, vamos ganando algo de altura, y pronto aparecen por la derecha los caseríos de Portume (o Sarakoetxe). Dejamos después el desvío que lleva hacia Billabaso y Mungia, y nos acercamos más o menos a la mitad del trayecto total, mientras abandonamos el municipio de Lemoiz para entrar en Bakio. Como por la izquierda se suceden las explotaciones forestales, podemos tomar algún camino por el que huir temporalmente del asfalto, aunque habrá que evitar despistarse para no perdernos en lo que suelen ser laberintos de pistas entrecruzadas que a veces obligan a dar rodeos absurdos.

Un tramo casi recto nos lleva a la máxima altitud del día (unos 290 metros), y encontramos un desvío por un camino de cemento que baja por la izquierda. Parece que es zona de rutas de BTT, que tal vez pudiésemos utilizar en parte pero, lo mismo que indicábamos antes, tampoco lo podemos garantizar.

Desde el mirador
Enseguida llegamos a un mirador algo desvencijado sobre el mar, que ofrece una estupenda panorámica  sobre Bakio, Gaztelugatxe y Aketz, y observamos las pequeñas lomadas que nos separan de nuestro objetivo. Seguimos los últimos metros de carretera que nos quedan (unos 600 desde el mirador), hasta el fondo de una curva en herradura, donde por fin tocamos tierra (DESVIO-3). Tomamos allí un camino por la izquierda, tras aproximadamente 10 kms. de marcha desde Armintza.

Y al final, el laberinto

Hacia el bosque
El sendero desciende muy suavemente en entorno tranquilo y agradable, bajo los omnipresentes eucaliptos, a veces combinados con pinos, con algunas manchas de arbolado silvestre. Pronto vemos por primera vez el núcleo urbano de Bakio, que parece muy cercano, aunque la sensación no es del todo correcta.

Lo que al principio era paisaje algo más abierto vuelve a convertirse en espesura y sombra, al tiempo que empiezan a surgir caminos aquí y allá. Esto es uno de esos laberintos madereros a los que nos referíamos antes, donde es muy difícil orientarse con los múltiples cruces. Así que aquí –aunque se trate de un lugar muy cercano a la civilización- yo creo que se puede disculpar el tirar de GPS con el track que ponemos arriba, del que hemos intentado suprimir los habituales errores.

Eucaliptos a tope
Por decir algo, dejaré algún dato que muy vagamente puede servir de orientación. En general, los caminos que tiran hacia la izquierda (aunque no todos) es más fácil que lleven a lugares sin salida o a rodeos para volver al mismo punto. Los de la derecha nos llevarán normalmente en la dirección que queremos, aunque pueden también provocar algún rodeo, y en el peor de los casos, podrían llevarnos hacia Bakio digamos por la zona de la iglesia. Lo único que puedo recordar es que a los pocos minutos de empezar se encuentran dos caminos que se bifurcan de frente, momento en el que sí hay que girar por un tercero a la izquierda (CRUCE). Y otra pista: si encontramos un cartelito que pone ’10’ (parece de caza), vamos bien.

Acantilados hacia el oeste
A falta de más pistas que ofrecer, disfrutamos del entorno: vamos por un espeso bosque, recorriendo más o menos en dirección al mar esas pequeñas y tupidas elevaciones que vimos desde el mirador, y que forman el minúsculo e irregular macizo de Azkarreta. El firme es el arenoso propio de las plantaciones de eucalitpos, y en general vamos en llano o bajando muy ligeramente.

Unos minutos después del cartelito que decíamos, el camino parece más limpio y se arrima decididamente al acantilado, donde tenemos algunas vistas interesantes: un par de veces podemos asomarnos a promontorios desde donde se tienen algunas buenas perspectivas sobre las puntas de Zikintze y Frailatx o Frailetxe. Esta parte del camino es la más vistosa.

En un momento determinado (DESVIO-4), tenemos que remontar una pequeña rampa de cierto desnivel y, volviendo hacia el interior, nos encontramos con un claro donde confluye un camino que procede de la carretera. Justo aquí hay también un poste del que han desaparecido las flechas direccionales (cómo mola cargarse las señales, a que sí), pero que sirve para orientarnos. Nos volvemos de nuevo hacia el litoral, con una nueva atalaya desde donde tenemos
Ya asoma Bakio
una preciosa vista de Bakio y Gaztelugatxe, ya muy próximos. Seguimos bajando en una especie de amplia 'S', y encontramos la primera marca de hojita roja de uno de los itinerarios de Bakio. Ya vamos bajando con pendiente bastante más fuerte, el firme es terroso y bastante descarnado, y también algo resbaladizo.

Y por fin, casi de golpe, llegamos al casco urbano. Accedemos a una carreterilla (Birjilanda Bidea) junto a la casa Lafita (arquitectura vanguardista de los 60, que lo sepas), y que ya tomamos a la derecha en bajada para llegar hasta el muelle. En total, unas dos horas y media, quizá algo más, que ya se sabe que la precisión en los tiempos no es lo nuestro.



Y qué decir de Bakio. Ya hemos visitado en alguna de nuestras salidas este pueblo al que le tenemos tanto cariño, y todavía lo haremos algunas veces más. Sólo añadir que, pese a habernos metido un pateo majo en esta ruta litoral, sería imperdonable no añadirle un paseíto a lo largo de la playa sintiendo la brisa y disfrutando del mar. Porque además, en el otro extremo del arenal también hay bares donde reponer fuerzas, y allí mismo podemos tomar el bus de vuelta.

lunes, 9 de febrero de 2015

Camino '87: The End

Ha sido muy divertido escribir este reportaje, relato o lo que realmente sea. Me ha permitido conocer lugares, historias, anécdotas, y en muchos momentos se me han entremezclado recuerdos propios con los datos que me iba encontrando. Ha sido como vivir un poquito otra vez el Camino.

Como indicaba al principio, hemos intentado reconstruir lo que fue aquel Camino de nuestros amigos santurtziarras hace 25 años. Hubiera estado bien disponer de algún tipo de diario (a lo mejor hay alguno oculto por ahí) para conocer mejor los detalles y encajar las situaciones en su justo momento. Pero, con la sola base de eso que hemos llamado hoja de ruta –de contenido escueto y casi siempre impersonal- y comentarios que hemos ido recogiendo, se ha hecho lo que se ha podido.

Al hilo de esto, un pequeño comentario sobre la privacidad. Como se ha visto, no he puesto un solo nombre de nuestros protagonistas. No sé, a lo mejor les hubiese gustado o, más probablemente, les hubiese dado igual. Igual hay gente de todas las opiniones. Pero como uno es especialmente escrupuloso con la vida privada de cada uno, ante la duda, los hemos convertido a todos en anónimos. Al menos, hasta que alguien nos diga lo contrario.

Sí me han pedido expresamente que aproveche el viaje para dejar un recuerdo para Raquel, que estuvo en aquella aventura y nos dejó hace unos años. Lo hago con muchísimo gusto porque, además, tuve la suerte de conocerle personalmente.


Creo que estos chavales –ahora más mayorcitos, desde luego- tuvieron mucho mérito en emprender semejante aventura en esas épocas, cuando nada ofrecía la más mínima facilidad a los peregrinos, y el Camino era cosa de lunáticos. Pero, sobre todo, creo que fue una experiencia única, algo que vivieron ellos y prácticamente nadie más, y eso es algo muy grande, algo que no se olvida nunca.

Aun sin el ingrediente de lo insólito que ellos disfrutaron (y también sufrieron), cuando hoy es algo más o menos habitual, que todo el mundo conoce y mucha gente hace, el Camino sigue siendo una experiencia excepcional. Como actividad física, digamos deportiva, también cultural (para algunos, religiosa), pero sobre todo humana, en términos tanto sociales como individuales o psicológicos, es algo que no tiene parangón, al menos si nos referimos a actividades que están al alcance de cualquiera.

La convivencia con personas de toda edad, nacionalidad, profesión o ideología se combina con algo que –si se me permite la cursilería- se podría llamar introspección personal, la experiencia de horas interminables con uno mismo, con sus pensamientos, con su forma de vivir los paisajes, de sentir el cansancio, de soñar con el siguiente pueblo… son sensaciones que sólo se experimentan aquí.

Quienes han hecho el Camino saben bien de qué hablo, y los que no, harían bien en conocerlo. Si toda esta serie ha podido servir para refrescar recuerdos de los primeros, o para animar a los últimos a hacerlo, damos el pequeño esfuerzo por bien empleado.

Un saludo y buen Camino.

viernes, 30 de enero de 2015

Camino '87 23ª Jornada: Lavacolla - Santiago ( 9 kms.)




Lo de llegar al final siempre tiene algo de reconfortante y satisfactorio por el objetivo alcanzado, y otro tanto de triste por la aventura que termina. Pero tranquilos, no nos pondremos líricos más de lo imprescindible.

Vilamaior
Saliendo de Lavacolla ya estamos en un entorno muy diferente de lo visto hasta ahora. Tenemos que ascender una colina que podría muy bien ser Artxanda, casi por completo humanizada, con infraestructuras cada vez más numerosas. El bosque desaparece y todo son carreteras y asfalto.

Pasamos VILAMAIOR y emprendemos una subida que se hace bastante poco grata, por las instalaciones de TVG y TVE, y un recinto deportivo. Y llegamos así al archifamoso MONTE DO GOZO, Monxoi en galego.

Hoy en día debe ser una especie de ciudad, con todo tipo de servicios y una capacidad de alojamiento descomunal. En el 93 ya se construyó un enorme albergue y un monumento bastante horroroso, pero en 1.987 era seguramente poco más que una elevación medio desnuda con vistas a la ciudad. Es evidente que tampoco existían los diversos monumentos que ahora decoran (?) esta atalaya.

Pero claro, la gracia es que desde aquí se tiene la primera panorámica de Santiago, lo que llevamos veintitantos días esperando. Así lo ve el narrador: ‘Desde él se divisan las torres de la catedral. Cuando lo coronas y las ves a lo lejos altas, fuertes, esperandote, sientes en tu espíritu una sensación de grandeza, de orgullo, de fe… No se puede expresar en palabras… Los sinsabores, las penas, el cansancio, el clima, la dureza de recorrer 600 y pico kilómetros quedan en el olvido’.

Aunque yo apuntaría que distinguir las torres exige un cierto grado de agudeza visual, es verdad que la sensación resulta potente: por fin están ahí, existen, vamos a llegar hasta la catedral sólo dentro de un rato. Los sentimientos son un poco a gusto del consumidor, e imaginamos que entre los veinte expedicionarios habría todo tipo de reacciones.

Entrando en Santiago
El caso es que desde aquí se empieza ya a descender hacia la ciudad. Es la última bajada del Camino. Cruzamos puentes y carreteras por el barrio de San Lázaro y ya nuestra cabeza está asimilando que estamos en el final.

Cuidado, porque aquí asoma la ansiedad y el síndrome del Camino que ya comentamos antes. En su momento nos advirtieron que no todo estaba hecho, que el itinerario urbano se hacía muy largo, y así es. Damos vueltas por distintas calles, cambiamos de dirección, casi ya ni vemos las flechas amarillas, parece que estemos en Nueva York en vez de en Santiago. Esto no es el Camino, es un coñazo.

Pero de pronto nos metemos por una especie de callejón, un pasadizo con un pequeño arco y, de repente, flash! estamos en la mismísima plaza del Obradoiro, con la fantástica catedral a nuestra izquierda. Hemos llegado.

A partir de aquí las sensaciones se multiplican y a cada uno le estallan las suyas, propias e intransferibles. Si el Camino es una experiencia fundamentalmente personal, la llegada a la catedral lo es en grado máximo. Quizá la palabra emoción sea la única capaz de sintetizar todos los sentimientos, pero el contenido de esa emoción es muy diferente para cada uno de los sufridos caminantes que llegan a la meta. Si se me permite el recuerdo particular, yo tengo la imagen de una compañera sentada en el suelo de la catedral con su mochila al lado, y lo único que sentía eran ganas de llorar.

Nuestros amigos se lo montan de esta forma: ‘A las 7 en punto de un 23 de julio, todos los que salimos de Santurce, entre la admiración de unos y las dudas de otros, formábamos un círculo en la Plaza del Obradoiro, frente al Pórtico de la Gloria del maestro Mateo, para comentar y mentalizarnos que habíamos llegado, que estábamos allí en carne y hueso, y que nuestra ilusión de jóvenes se había cumplido’.


La verdad es que, por algunas fotos que hemos visto, casi todos llegaron con más hueso que carne. Pero, terapias de grupo aparte, sigo diciendo que cada uno llevaría dentro de sí su propia historia, sus emociones, los pensamientos y sensaciones rumiados a lo largo de tantos kilómetros.

Y la clave está, quizá, en algo que dice otro peregrino en la página Entre Montañas: En ese instante descubrí que el objetivo del Camino de Santiago no es llegar, el camino en sí es la recompensa’.

Pues bueno, vamos terminando. Con o sin Camino, Santiago es una fantástica ciudad, que enamora e impregna al visitante de sensaciones. Tras pasarse tres días visitandola con un anfitrión que la conocía a fondo, el retorno de nuestros chicos a Santurtzi parece que fue igual de emotivo que la salida, o tal vez más. Las familias, amigos, alguna autoridad local que nunca falta, viendo a sus chavales regresar, delgaditos y heroicos, después de tres semanas de tan loca aventura.

No nos extrañe el sobresalto y la emoción. Sí, ya sabemos que hoy en día hacemos el Camino y nadie nos viene a recibir, pero hacer la ruta jacobea ya no tiene el mismo carácter que hace 25 años, es algo relativamente normal y no una cosa descabellada como entonces.

Y por eso me ha gustado contar esta aventura y no cualquier otra, de las miles y miles, parecidas pero cada una diferente, que se pueden contar sobre el Camino.

lunes, 19 de enero de 2015

Parajes secretos

Miguel Angulo es un conocido montañero, experto en los Pirineos y en la montaña vasca, asuntos sobre los cuales ha publicado un montón de trabajos. Vamos, que en asuntos de montes nos pilla muy pero que muy lejos. Pero hemos encontrado por casa una estupenda publicación de este veterano baionatarra, y vamos a comentarlo un poco. Y así de paso prestigiamos un poco el blog, y por unos minutos nos desprendemos de nuestro penoso marchamo de domingueros.

‘Parajes secretos del País Vasco’ es un precioso tomo publicado por Elkar en 1.987, que recoge en sus 288 páginas incursiones por 93 lugares más o menos recónditos de nuestra geografía montañera. Para cada uno de los destinos Angulo propone dos o tres posibles actividades, a veces más, desde lo que él llama ‘paseo fácil’ hasta ascensiones, rutas, escaladas o incluso exploraciones del subsuelo.

Claro está que los criterios de este señor son bastante diferentes de los nuestros, así que hay que imaginar que lo que llama ‘fácil’ quizá a nosotros nos podría costar un infarto.

El caso es que se nos proponen un montón de lugares sumamente espectaculares, sobre los que se desarrolla un trabajo exhaustivo de descripción, con mapas elaborados por el mismo autor (también publica cosas de cartografía) y todo tipo de datos. Y naturalmente, magníficas fotos que acompañan textos sobrios, pero que tampoco escatiman detalles.

Aunque nuestra capacidad no nos dé para hacer más que algunos de los recorridos más sencillitos, merece realmente la pena porque siempre se trata de localizaciones de un interés especial, más allá de la mera caminata o ascensión. Hemos hecho tres o cuatro de los (no muy numerosos) que se ubican en Bizkaia y, no obstante las diferencias en el concepto de dificultad que comentábamos, los parajes son fantásticas y la información, oportuna y enriquecedora.

Vamos, que el libro en cuestión siempre nos aporta algún punto de vista o variante que aporta cosas fuera de lo habitual, y de las podemos aprender, al tiempo que disfrutamos de las rutas y paisajes.

Tachasenderos

Hemos comentado en ocasiones –y lo haremos de nuevo un poco más adelante- que existe una normativa sobre senderos, en la que se fijan las condiciones para su homologación por las Federaciones de Montaña: características y mantenimiento, señalización, distancias, etc. Todo este tinglado determina la existencias de esas marcas, normalmente blanco-amarillas o rojiblancas, que nos encontramos por los caminos.

Lo cierto es que prácticamente toda la información que encontramos sobre los senderos de nuestro territorio reside en páginas web de ayuntamientos u organismos comarcales (Urdaibai, Enkarterri, P.N. Urkiola, Gorbeialde y así). Unos con más gusto y detalle que otros, exponen los datos de aquellos recorridos que atañen a su ámbito territorial.

Y resulta que hay por aquí cierta gente –entre la que nos contamos- que, lo mismo que algunos se ajustan al apelativo de ‘tachamontes’ (y no miro a nadie), se podría calificar como ‘tachasenderos’. O sea, que nos gusta meternos por caminillos a veces extraños en pueblos o montes para ir descubriendo lugares que nunca habíamos visitado, bosques y manantiales que no estaban en las rutas más usuales, caseríos, estradas, collados, pastos, rincones ignorados. Conocemos lugares nuevos, hacemos un poco de ejercicio, y además, sin pagar.

Así que, para facilitar las cosas, diremos que la Federación Vizcaína nos remite a la página Senderismo Bizkaia, donde hay un buen número de senderos referenciados, bastantes de los cuales con información adicional, mapas en pdf (mejorables) y tracks en formatos .kmz y .gpx. Sobre otros tantos, los deberes parecen estar sin hacer, y no tenemos ningún dato. Esto referido a los PR, porque sobre los GR que recorren Bizkaia sí que suministra información más completa.

También hemos encontrado este trabajo de la Universidad de Deusto que contiene un listado (página 61, para que nos os canséis de buscar), bastante exhaustivo, de los senderos del territorio, con o sin homologación. Es una simple lista, prácticamente sin ninguna información útil, pero nos puede servir como catálogo.

Porque lo cierto es que, para nuestra sorpresa, no existe un listado digamos oficial de senderos PR, completo, actualizado y con información de cada uno. No sería mala cosa que alguien de la Federación explicase el por qué de esta carencia. Pero la verdad es que lo echamos de menos, porque nos ahorraría el trabajo de ir investigando por fuentes tan dispersas.

Misterios sin resolver (III)

En esta nueva entrega de misterios encontrados en esos caminos de Dios, traemos dos cosas muy diferentes, tanto físicamente como en la fase de resolución de los respectivos enigmas.

Por una parte, tenemos que anunciar que el misterio incluido en nuestra segunda entrega pura y simplemente ha desaparecido. Esa cosa extraña (vuelvo a poner la foto, a modo de recuerdo) que podríamos llamar estructura, entramado, cuadrícula o cosa parecida, de hormigón, situada en una curva de la carretera de Artxanda, cerca del molino, ya no existe. Parece que ha sucumbido bajo el cincel hidráulico y la piqueta, quedando reducido a un montón de escombros que, salvo que hayan sido retirados en las últimas semanas, allí permanecen como único vestigio de la intrigante instalación.

Ahora se ha convertido en un punto relevante donde el bilbaino GR 228 abandona el asfalto para escurrirse monte abajo. Y para el que pase por el lugar, queda la sensación de que allí hubo algo, pero nunca se sabrá el qué.

Bueno, nos queda que, aunque el objeto ya no exista, alguien pueda aún hoy contarnos algo sobre el tema. Pero tampoco tenemos muchas esperanzas.

Y vamos con otra cosa. Hace unos meses vimos este extrañísimo arbolito con esa especie de globos amarillos y pinchudos, que no sé si son flores o frutos. Digo globos porque realmente lo son: se coge uno, se pincha y está hueco, como una pequeña pelota de caucho.

Como es evidente, no es un ejemplar silvestre, sino plantado en un jardín, quizá con fines decorativos, no sé.

Y también confieso que esta vez el misterio ya fue desvelado. Al amigo Manu parece que no se le resiste ningún secreto de la naturaleza, y en poco tiempo dio con la especie, tarea en la que servidor fracasó pese a haberle dedicado bastante tiempo a golpe de internet. 

Pero no, no voy a decir el nombre todavía. Os lo dejo como pasatiempo, a ver si alguien atina.



domingo, 4 de enero de 2015

Otoio

Los parajes montañeros adquieren un atractivo especial cuando se sitúan a corta distancia del litoral. Esa proximidad les dota de una personalidad especial, su vegetación se puebla de especies endémicas de la costa, y el aire salino se percibe con claridad desde las laderas. A cambio, nos ofrecen altitudes muy modestas que a menudo nos saben a poco.

Los escasos 400 metros de Otoio siempre aparecen vinculados al municipio de Lekeitio, cuya extensión domina y de donde parten la mayoría de las rutas, aunque en realidad pertenece por entero a Ispaster. Aunque el recorrido más habitual incluye un tramo costero, en esta ocasión proponemos un itinerario totalmente interior en el que conocemos pequeñas zonas boscosas variadas y de enorme atractivo.


               DISTANCIA: 2,7 km.
            DESNIVEL: 250 m.  (150-399)  CENTENARIO
DIFICULTAD: Muy Baja 3 (2-0-1)  Rampas del 30%
ITINERARIO: circular  Inicio y final: Bº de Zatika (Artika) (Ispaster)
           VIAS: Senderos de tierra
         ACCESOS: En coche desde Bilbao, autopista A8 dirección Donostia-San Sebastián hasta salida Amorebieta. BI-635 dirección Gernika y BI-2238 dirección Lekeitio. Zatika se encuentra a la izquierda de la carretera antes de bajar hacia Lekeitio. Bizkaibus A3513 tiene parada en Zatika, A3512 y A3523 llegan hasta Lekeitio
TRACK: Wikiloc
Más información:
Con variante por la costa:
Guía cartográfica de Bizkaia mapa 11




              Como Uds. verán, inauguramos el 2.015 con una imagen de la ruta en silueta, modelo Google Earth. ¿A que mola?
           

Lekeitio (y cable eléctrico) desde Artika
Desde mucho antes de llegar a Lekeitio, el promontorio de Otoio resulta muy visible y evidente, con su enorme antena que parece coronarlo. Cuando empezamos a bajar hacia el casco urbano, un desvío por la izquierda nos lleva al pequeño barrio de Zatika (Artika), que está en la misma ladera del monte. Este será nuestro punto de partida, un apacible núcleo rural con algunas vistas sobre la localidad costera, y una cruz de señales que nos servirá de guía.

Seguimos la indicación del PR BI-145 hacia Izpaster, en dirección al monte, y tomamos un camino que surge por la izquierda pegado al lateral de una casa. El sendero no está muy pisado, y en la primera bifurcación tiramos para la derecha por donde más sube (ley universal). Después
Por el pinar
el firme se vuelve pedregoso y asciende con pendiente bastante fuerte junto a un tendido eléctrico. Hay algunos tramos de desnivel duro, que alternan con otros más suaves, como cambiamos sucesivamente entre el encinar y algunos pinares.

Último tramo
En unos minutos accedemos a una pista, que sin duda da servicio a la gigantesca antena que ya tenemos a la vista. Por esta pista giramos a la derecha, pero en unos pocos pasos descubrimos por la derecha un senderito que asciende. Por este punto (DESVIO) dejamos el camino principal y ascendemos el último tramo que, en unos minutos de divertido tránsito entre encinas y rocas, nos sitúa sin más en la cima (OTOIO, 399 metros).

Aunque recientemente se han talado los árboles más cercanos al mojón, puede decirse que no tenemos ninguna vista; sólo se atisban algunos montes hacia el oeste, entre ellos Bustarrigan o Bizkargi, como indica una mesa de orientación, por lo demás totalmente inútil. Al menos, el denso arbolado oculta casi por completo la descomunal antena, situada a muy pocos metros de nosotros.

Vértice y buzón en la cima
Aunque es sabido que no solemos llevar el control de tiempos, diría que la ascensión son apenas 15 o 20 minutos ¿Y esto era todo? Pues bueno, nos falta bajar, claro, y lo haremos por una ruta circular que desplegará todo su atractivo.

Senderito por el bosque
Así que tomamos un senderito que sale en bajada por el lado contrario al de llegada (o sea, hacia el Este). Tal y como será todo el camino, empezamos por el encinar, vistoso como siempre, ya con algo de musgo en las rocas, porque hemos pasado a la vertiente norte, y menos abigarrado que otros conocidos. Pero de inmediato pasamos a los pinos, en terreno menos abrupto, pero también más agradable que lo habitual en este tipo de bosques. Aquí descubrimos, entre los árboles, por primera y única vez el mar, al fondo de un fuerte desnivel, más de 200 metros abajo.

Muy pronto empezamos a encontramos tramos de pendientes potentes, que salvamos con la ayuda de las rocas que salpican el sendero. No obstante, nos vendrá bien disponer de bastón, y en todo caso puede no ser muy recomendable hacer este descenso en época de lluvias abundantes, que pueden convertir el sendero en un tobogán resbaladizo.  

Encinar
Más abajo el desnivel se suaviza mucho, y pasamos una mancha de caducifolios por la que el camino se convierte en un apacible paseo. En la primera BIFURCACION-1 que aparece después tiramos para la derecha, y de nuevo nos vamos al encinar, espectacular con la maraña de lianas de zarzaparrilla cayendo de las ramas, y en la siguiente BIFURCACION-2, repetimos la operación. Esta parte es realmente preciosa, recuerda un poco a algunas zonas del Buciero, aunque más luminosa y tranquila, con el sendero estrecho pero claramente marcado, una delicia.

Pasamos un tramo algo más rocoso y salimos a campo abierto. Aunque los árboles bajos apenas dejan ver mucho más, se divisa parte de Lekeitio y un buen tramo
Escalones
de costa hacia el este, con multitud de pequeñas elevaciones que jalonan el litoral de Gipuzkoa.

Seguimos una estrecha sendita por zona herbosa, y pasamos otro CRUCE, donde volvemos a girar a la derecha. Unos metros entre eucaliptos, y otra vez al encinar, unos minutos de pinos y encinar de nuevo, con zonas abruptas, para aparecer en un lugar curioso de verdad: nuestro camino confluye con otro que corre más de un par de metros por debajo, con lo que hay que descender unos escalones de piedra, que cuesta creer tanto que sean naturales como que no. Es realmente un lugar digno de verse. Y aquí, claro, volvemos a dirigirnos hacia la derecha.

El bosque, sin perder su carácter abrupto y relativamente cerrado, muy vistoso, nos muestra por la izquierda un lindero junto a algunos verdes pastizales. Y unos pocos metros más adelante, casi sin darnos cuenta, paf! nos volvemos a encontrar en nuestro barrio de Zatika, de donde habíamos partido.

El recorrido por este precioso lugar -que a veces parece un pequeño parque temático- es tan cortito que nos sabrá a muy poco. Pero como hemos hecho el plan tan cerca de una población como Lekeitio, tenemos tiempo de hacerle una visita que merece mucho la pena: la isla de San Nicolás, la basílica de la Asunción, el faro de Santa Catalina, las playas, el puerto y el casco antiguo (ojo a los bares), o el paseo junto al Lea nos darán material para ver y disfrutar durante el día entero.

Y si aun así no tenemos bastante, muy cerquita tenemos también la ascensión al Lumentza, que se hace en un pis-pas. Pero de eso ya hablaremos en otra ocasión.